ABANDONAD TODA ESPERANZA
Rafael Mendoza Toro *
PARTE I
La respuesta no es optimista y pende en mucho de lo que quiera o pueda hacer el aparato gubernamental en su conjunto, fundamentalmente de la interrelación Ejecutivo-Legislativo. Para México la reactivación aunque moderada de la economía mundial representa una buena noticia pero no demasiado, dada la persistencia de problemas estructurales de nuestro modelo económico. Por ejemplo, al reactivarse la industria automotriz norteamericana, en buena parte gracias al programa de estímulos de Obama, su correlativa nacional se verá beneficiada reactivándose la exportación de vehículos y partes, por tanto las plantas nacionales estarán recontratando personal, reanudando sus compras a proveedores y demás; lo mismo puede decirse de los productores y exportadores de frutas y verduras, pues al reactivarse la demanda su oferta de productos encontrará mercado, por lo que muchos trabajadores volverán a tener un empleo e ingreso y reactivarán su consumo. Lo malo es que este impacto es limitado, muy focalizado y sectorizado, unos pocos recibirán el beneficio y globalmente no alcanzará a impulsar el crecimiento del PIB más allá de un pobre 2% anual si bien nos va. Pero si la prioridad es que se incrementen los niveles de bienestar e ingreso generales, debiéramos crecer por arriba del incremento poblacional, o sea de 3% pa arriba, aunque de preferencia 5% o más. Lo peor de todo es que retornar a esos ritmos no se puede lograr por el puro efecto de la recuperación global, sino que sería necesario completar la tarea y reformar todos los sectores atrasados, ineficientes y no competitivos de la estructura económica; y hasta ahí no llega la mano del mercado, sino que estos cambios sólo pueden ser hechos por la acción de quienes nos gobiernan como una decisión “política”.
Surge una primera duda: ¿Querrá el PRI, ganador casi abrumador de la pasada elección, apostar parte de su capital político obtenido en la instrumentación de esas necesarias reformas? Bajo cierta lógica la respuesta sería debiera positiva, pues si se hicieran ya las necesarias reformas laborales, de lo propiedad agraria, hacendaria y energética (para citar unas cuantas) en el 2012 que tienen previsto recuperar la Presidencia recibirían un país en mejores condiciones económicas y sociales y no uno en perpetuo estancamiento y al borde del colapso. El eslabón débil de esta lógica es que solo una fracción del PRI, la modernizadora ve las necesidades de profundizar el modelo de economía abierta y competitiva, iniciado hace dos décadas; para el otro PRI, el de los viejos dinosaurios, estas propuestas son anatema y prefieren tornar la vista al pasado, a los añorados tiempos del desarrollismo mexicano y el nacionalismo revolucionario. Estas contradicciones no son nuevas, de hecho desde tiempos de Luis Donaldo Colosio como presidente de su partido hace 20 años, las luchas de los “renos” vs los “dinos” llenaban las discusiones y por quedar bien con el “jefe de jefes” todos presumían su visión modernizadora y abjuraban del dinosaurio echeverrista que representaba todas las rémoras. Pero murió Colosio y la renovación nunca se completo y sombrerudos caciques y lideres populistas siguieron representando una fuerza significativa en ese partido.
Intentando verme optimista, hace unas semanas me pregunté cual de las dos versiones del PRI conduciría al grupo parlamentario en la 61ª Legislatura, donde como se sabe cortarán el queso, pues si es la modernizadora el panorama no era del todo negativo y se podía esperar el impulso de unas medrosas reformas al menos, suficientes para mantener al país a flote; mas “abandonad toda esperanza”, la retorica de los últimos días de Beatriz Paredes y del recién nombrado coordinador de la bancada, Francisco Rojas, dejan ver que el horizonte del PRI ha tornado a los años 70s del siglo pasado y que conceptos obsoletos guiarán la acción legislativa de su partido de aquí al 2012.
¿Qué esperar cuando Beatriz Paredes se pone de nuevo el sombrero de agrarista y anuncia de nuevo apoyos al campo (que nunca han funcionado) e insinúa el regreso de los mercados cerrados? Francisco Rojas no se ha quedado atrás y antes siquiera que se le pregunte ya está proclamando el rechazo a cualquier reforma hacendaria, el imperativo de regalar más dinero a estados y municipios, sobre todo sí son del PRI, mientras habla de reforzar el mercado interno mediante política de fomento industrial, que en buen español quiere decir cerrazón y proteccionismo. Nada han aprendido y peor aún, tildándolos de “tecnócratas” han ido excluyendo a quienes tenían una visión diferente; ahora el perfil del comisario ejidal, panzón y con pistola al cinto, ha retornado a ser el paradigma del político priista. Nada bueno se puede esperar de ellos.
Finalmente, cabe reconocer que los modernizadores hicieron a su vez su parte para desprestigiar su opción, no sólo porque se le identificó de entrada con el “salinismo” sino también por la nueva hornada de políticos que decían representarla, como fue el caso del alcalde de Aguascalientes Gabriel Arrellano. Arellano en su momento representó la opción de políticos-empresarios al estilo panista, que se suponían la opción ante el rechazo a los políticos “tradicionales”; de esta manera un empresario relativamente joven, conservador, sin experiencia ni en administración pública ni en las lides grillescas, renovaría la imagen del PRI y restablecería las ligas con la sociedad. A casi dos años de su gobierno, queda claro que la juventud y falta de experiencia no excluye las malas mañas, que la visión empresarial no suple la perspectiva de gobierno, que la curva de aprendizaje es muy costosa y que todos termínanos pagándola, aunque ni siquiera hayamos votados por él. El asunto del helicóptero podría llamar a risa, salvo que los recursos dilapidados fueron públicos y su merma se refleja en los servicios que debieran estar prestando. Así como argumentar conta el retorno de Héctor Hugo y los dinos.
PARTE II
Para empezar, debo reconocer que estuve a punto de cambiar el título de esta colaboración, y echando mano de lo que queda de mí honestidad reconocer que podría encontrarse un atisbo de esperanza para el futuro del país revisando los planteamientos del mensaje a la nación del Presidente Calderón con motivo de su tercer informe. Aunque no lo vi en la tele, pues aún conservo una aversión cósmica a ese ritual como consecuencia de los años en que fui acarreado a gayola de San Lázaro y obligado a aplaudir, las primeras noticias y comentarios sobre el listado de prioridades enunciadas me llamaron la atención, tanto que me leí el texto completo y casi coincidí por completo en lo esencial: el decálogo propuesto no sólo es correcto, sino que hasta en su enumeración refleja un buen sentido de prioridades. Poner por delante tres elementos fundamentales del desarrollo social, por ejemplo, como son el combate a la pobreza, el acceso universal a la salud y a una educación de calidad, sólo podrían ser objetados desde el extremismo pejista, hace rato peleado contra toda racionalidad. Por igual, para alcanzar estos objetivos se enumeran a continuación reformas en la gestión gubernamental que contribuyen a dinamizar el despegue económico: en materia energética, telecomunicaciones, regulación, etc. Cierran las propuestas el consabido e inevitable combate al crimen organizado y narcotráfico y, la muy necesaria reforma política. Un buen principio sin duda, pero surge un pequeño problema: al provenir ya del jefe del Ejecutivo, no debiera haber abundado solamente en el “que se necesita”, sino debió poner ya sobre la mesa el “como hacerlo”.
Será ahí, en el necesario amarre e instrumentación de esas buenas intenciones donde nos empantanemos y se disipen las más leves esperanzas, pues requieren por una parte acciones del Ejecutivo que no se vislumbran, mientras por la otra se necesitaría el inicio de una gestión legislativa donde la parte propositiva la debiera llevar el partido del Presidente, terreno aún más árido y complicado. El “combate a la pobreza”, para empezar, está centrado en un programa de transferencias focalizadas y directas a las familias identificadas en esa condición, que ha sido altamente eficiente en paliar su situación y al menos no permitir un mayor deterioro de su calidad de vida, no “resuelven la pobreza” pero al menos han generado una mejor nutrición en los hijos de esas familias, validado esto por estudios objetivos. En lo que hace a la cobertura de salud, el número de familias cubiertas al menos nominalmente por el “seguro popular” va en aumento, a esta ampliación de cobertura se ha sumado la otorgada, al menos por decreto, a los niños nacidos desde el inicio de la administración; en estas condiciones llegar al final de sexenio con una “cobertura universal” parece factible, el problema es que esa cobertura es ficticia mientras no se asegure el real acceso al servicio de salud, o sea a la atención médica que se requiera; ampliar el acceso y no nada más la cobertura requiere una amplia inversión de recursos económicos, que además debe ser lo suficientemente descentralizada para garantizar la accesibilidad geográfica, condiciones no factibles mientras no se resuelvan definitivamente los problemas fiscales de país. Otro es el caso de la “educación de calidad para todos”, donde no es tanto el problema de recursos económicos, sino la liberación de los lastres que ahora lo impiden, que desafortunadamente son mayores que el propio liderazgo de Elba Esther Gordillo, pero eso será materia de otro texto.
Pero para que se dé este triduo virtuoso del desarrollo social, se requieren amplios cambios legales tanto en los mecanismos de las finanzas públicas como en la eliminación de los impedimentos y restricciones al desarrollo económico, enunciados parcialmente por Calderón, o sea las reformas de tercera generación. Para esto los grupos parlamentarios del PAN en el Senado y Cámara, debieran estar ya iniciando la discusión y generando propuestas para el debate, tarea que se antoja complicada sino imposible no sólo por su limitado número sino por sus más limitadas capacidades intelectuales. Se reconoce la gentileza y el don de gentes de Josefina Vázquez Mota, quien como Secretaria de Desarrollo Social tenía bien “maiceados” a los más radicales perredistas, ¿pero bastará su sonrisa “botoxica” para generar una reforma en las leyes laborales? No hace mucho Calderón festinaba el alcance de las minireformas fiscales y energéticas ¿de donde saldrá entones la plataforma para ponerlas nuevamente sobre la mesa de discusión? Ante un panismo torpe en la labor parlamentaria, el conocimiento y el colmillo de los priistas se magnificará; sí Emilio Gamboa con una mini fracción logró ganar el control de la Cámara, Francisco Rojas al timón de la mayoría definirá sin mayores problemas el rumbo de las decisiones. No todo estará perdido con todo, pues por propia conveniencias el PRI armará algunos cambios legislativos, los más indispensables para que el barco siga a flote, pero muy lejos de lo necesario.
Para cerrar todo espacio a la esperanza, si el PRI y el PAN optarán por lo mediocre, el poco a poquito y el trote que dure, aunque desesperemos de esperar, la izquierda en sus dos advocaciones (PRD y PT-Convergencia) no ofrece nada sino demagogia y de la peor. El PT, fiel expresión de la línea dura pejista, no le echa mucha imaginación a su propuesta, centrándola en la obsesión de AMLO desde diciembre del 2006: la renuncia de Calderón, sanalotodo que permitirá arreglar finanzas públicas, recuperar la producción petrolera, impulsar la producción y el consumo nacional, mejorar el nivel educativo y todos los etcéteras que el lector guste. Demostrando haber ido un poco más a la escuela, aunque no siempre entrando, el PRD da rienda suelta a su ingente generosidad con el dinero ajeno proponiendo en su programa de emergencia económica, su reparto generoso a diestra y siniestra: a los desempleados, a la familias, a las pequeñas empresas, a los productores del campo, ya sea vía subsidio directo o bajas en los precios de los bienes y servicios del sector público; lo cual por si mismo no tiene nada de malo, salvo que no sirven para generar cambios indispensables y peor aún, confirman y validan la ineficiencia y obsolescencia; eso sí, esta vez completan la tarea y a su programa de gasto incorporan la fuente de ingresos: el no pago de las obligaciones internacionales, preparándose el envío de Gerardo Fernández Noroña a clausurar el FMI y el Banco Mundial.
Ante este escenario sin posibilidades de cambio para mejorar, la única opción sería empezar a verle el lado bonito al status quo, agarrarle gusto a la mediocridad, ver los vasos medios llenos y no medio vacios, considerar que es excelente un crecimiento del 2% del PIB y estremecerse de placer cuando éste llegara a un excepcional 3%; en fin, reciclar el viejo chiste de la crisis del 82 y caer todos en el “consumismo”: andar con su misma ropa, seguir con su mismo coche, y peor aún, permanecer con su misma esposa (o compañera para los de izquierda o espos@ para los políticamente correctos). Malos tiempos para la esperanza, definitivamente.
* Nació en el DF en 1952, reside en Aguascalientes desde 1992. Medico cirujano por la UNAM, sin ejercicio lucrativo de la profesión. Desempeñó diversos encargos en la Administración Pública Federal, principalmente en el INEGI y la Secretaria de Programación y Presupuesto. Investigador de los determinantes económicos y sociales en la salud, colaboró en el proyecto “Salud Enfermedad y Muerte en los Altos de Chiapas” en el Centro de Investigaciones Ecológicas del Sureste, y en la investigación publicada en la serie “Necesidades Esenciales: Salud, situación actual y panorama al año 2000”, por la Presidencia de la República y la Ed. Siglo XXI, en 1983.
Militante de la izquierda desde 1968; fue Secretario de Formación Política del Comité Estatal del PRD de 1997 al año 2000. Analista sobre temas políticos y sociales en diversos medios locales, como las revistas Crisol y Tiempo de Aguascalientes y los diarios El Sol del Centro, Página 24 y Aguas; escribe para el suplemento Contextos del diario de circulación nacional Milenio desde el año 2001. Fue coordinador del libro: “Alternancia y transición democrática, la experiencia de Aguascalientes”, editado en el año 2005 por el Senado de la Republica y la Universidad Autónoma de Aguascalientes.