TRAICIÓN
Pocos valores, como la fidelidad o la lealtad, tienen opuestos tan graves, como lo es la traición. Quebrantar estos valores es considerado por algunas legislaciones como delito, y en otras como agravantes del delito. No merece la misma pena quien mata a un semejante de manera fortuita, que aquel asesino maquinando como aprovechar la confianza de la víctima. Si algún magistrado, funcionario del nivel que sea, falta a sus deberes, estará prevaricando; pero si en esa falta va implícito un acto lesivo en contra de algún aliado por haber pactado con su enemigo, la traición es innegable. Si bien es cierto que el tema de las rivalidades entre poderes, muchas veces es trasladado al campo de la psicología personal –se considera traidor a todo aquel que dedica parte de su intimidad a una persona diferente de aquella con la cual se ha pactado, una relación de pareja, matrimonio etc.- o se comprende mejor el alcance de la infidelidad en el ámbito de las guerras y las batallas cruentas, lo cierto es que la traición se hace cada día que el mandatario –es decir aquel en quien el pueblo ha delegado parte de su poder- deja de cumplir las expectativas de la gente. Este tipo de conductas invariablemente producen en el afectado, un sentimiento de ruptura respecto de la confianza depositada cuando ésta se otorgó.
Más allá del posible cuestionamiento del porqué a veces se otorga confianza de manera irracional y simplemente como respuesta a las grabaciones –casi siempre subconscientes- de patrones culturales, sociales o religiosos, lo cierto es que si el sujeto a quien se ha otorgado cualquier tipo de confianza transgrede los patrones establecidos para la relación –de pareja, de gobernante y gobernado, de patrón y empleado etc.- lo más probable es que sobrevenga un estado primero de frustración, luego de hartazgo y en caso más virulento hasta de venganza. ¿Cómo cobrarse el daño recibido de aquel que sentimos nos ha traicionado? Las respuestas son tan infinitas como la creatividad humana; pero van, desde la negativa a continuar con la relación –personal o social- hasta la violencia revolucionaria, sin soslayar que, generalmente y antes de llegar a los extremos, el ser humano civilizado procura transitar por caminos de negociación donde la madurez en el manejo de las comunicaciones y la distensión de los malos entendidos obtiene mayores ventajas.
El pueblo cubano fue víctima por muchas décadas, de un sentimiento de traición mutua entre los gobiernos que se disputaban la isla como si se tratara de un objeto sin alma. Hoy un grupo de golpistas, condenado por la comunidad internacional arremete contra los ciudadanos de Honduras, sometiéndoles a toques de queda, restricciones en sus garantías y aislamiento financiero y político. Los autores de este lamentable evento, que pone en riesgo a toda región, utilizan el sentimiento de venganza para oponer a personas que desean vivir en paz. Esta táctica de confrontación para lograr la victoria es tan perversa que se adjudica al mismo demonio. “Divide y vencerás”, enseñaban la viejas catequistas para hacer entender a los niños cuan malo era el maligno. Así como en una relación cuestionada cada una de las partes debe hacerse responsable de lo cuestionable de su propia conducta, en el ámbito de la política también es valido comprender que aquel incapaz de asumir sus errores, tarde que temprano se encontrará en desventaja. Le ha ocurrido en México al partido en el poder. El resultado de la elección del día de ayer, no demuestra otra cosa que lo inoperante de las descalificaciones como herramienta de La Política.
Lo deseable ahora, es que el PRI, no regrese con sus mismos errores, sino demostrando el alcance de la madurez que le impuso la ruptura de su gobierno con su pueblo y logrando que el triunfo electoral se convierta en un triunfo político. La convivencia, rígida, demasiado exigente, intolerante e incapaz de escuchar al otro, necesariamente entraña la posibilidad de encender los más recónditos sentimientos de dolor, hartazgo y valor para recuperar lo perdido. En el caso de México, históricamente hemos acreditado que somos un pueblo de paz, con un ejército alejado de lo bélico, felices por vivir en una colonia apacible, tranquilos por transitar en ciudades seguras, dispuestos al apoyo colectivo si en todos priva la solidaridad y no el abuso. Por recuperar estos valores es que el día de ayer votó la ciudadanía. Cada uno pensando en su opción, Cada cual expresando su sentir, pero todos con el mismo espíritu de recuperar la armonía, por medio del trabajo, la tolerancia y la inclusión pacífica de todos los actores de la vida nacional. Cada quién comprendiendo que alejarse de estos valores es transitar hacia la traición a la patria.
* Comunicóloga.