ESTADO O MERCADO
Rafael Mendoza Toro *
Desde el inicio de la actual crisis económica, se reactivó la polémica sobre los roles y límites del Estado y el Mercado, llegándose a platear como una opción dicotómica: o Estado o Mercado; o usando las viejas lecciones de maoísmo, como los términos irreconciliables de un contradicción en lucha constante. De momento, el Estado parece haber vencido en los primeros rounds de análisis, pues se reconoce a la excesiva liberalidad en los mercados financieros como la causa principal del actual traspié económico, postulándose en consecuencia un reforzamiento de la regulación estatal en éstos como una forma tanto de resolver la crisis presente, como para prevenir posibles recaídas. A este razonamiento, en mucho válido, empero ha seguido una retórica que sobresimplifica y radicaliza la dualidad, planteando un esquema maniqueo de Estado-bueno vs Mercado-malo; en donde como consecuencia en México, nos recuerdan la existencia constitucional de la “Rectoría estatal de la economía” y amenazan con manejar la economía desde Los Pinos, como antes. Ante tamaño despropósito, incluso quienes creemos en la necesidad de una “regulación inteligente” debiéramos marcar distancia y, por ende de momento dedicaremos unas líneas a una breve revisión histórica de la relación entre ambos conceptos.
Si bien históricamente el Mercado precedió al Estado, al menos en las más elementales formas de intercambio, éste casi desde el origen ha intervenido tanto para bien como para mal; las testas coronadas lo mismo prohibían algunas formas de comercio que la producción de ciertos bienes o aplicaban aranceles y barreras comerciales, casi siempre sólo al arbitrio de su soberana voluntad e inconscientes de los impactos económicos de la misma. Si bien Adam Smith en “La riqueza de las naciones” delinea los roles del mercado y del estado en el “dejar hacer, dejar pasar”, los gobiernos siguieron interviniendo en los mercados con resultados diversos aunque casi siempre malos: la primera guerra mundial, por ejemplo, fue la colisión de naciones proteccionistas y la gran depresión de 1929 fue agravada por la reacción aislacionista de las economías más avanzadas.
Sin bien después de la conclusión de la crisis del 29 se constituyó un paradigma de “intervención buena del Estado” en el keynesianismo, la polémica se reavivó en los 70s con la Escuela de Chicago y el replanteamiento del rol del mercado como impulsor de la economía o sea en neoliberalismo. Desde este momento la discusión se enconó y las descalificaciones subieron de tono, coincidiendo ambas partes en la magnificación de los defectos del contrincante. Con todo y más allá de los calificativos, del mundo real se pueden obtener evidencias a favor y en contra de ambas posiciones, aunque con sus limitaciones, pues no existe para empezar un ejemplo de mercado “puro” sin intervención estatal, pues hasta Singapur, dizque vanguardia en liberalismo económico, en realidad alberga un estado autoritario que limita actividades y libertades; mientras en contraste del otro bando están las experiencias de los Estados sin mercado del bloque socialista, donde todas las asignaciones de recursos mediaban decisión estatal, dizque científicas pues provenían de matrices econométricas e intentaban maximizar la satisfacción de necesidades sociales, prohibiéndose en consecuencia todo intercambio económico entre particulares por distorsionar la economía, pero cuyos catastróficos resultados en la economía y más en el bienestar general debieran bastar para descartar definitivamente esta opción, salvo tratándose de seguidores del socialismo bolivariano del siglo XXI.
Hay con todo evidencias empíricas más sencillas y menos extremas, como fue en Inglaterra, donde su decadencia económica y social a mediados de los 60s la había llevado a constituirse en la única “economía en vías de subdesarrollo”, producto en mucho de una sobre regulación económica que había llegado a “quitarle dientes” al capitalismo; situación a la que se enfrentó con el recetario de liberalización económica, la amarga medicina del Consenso de Washington que con todo allá funcionó eficientemente lográndose recuperar los ritmos de crecimiento económico, generando a la larga el bienestar social que el anterior modelo presumía; no por nada incluso al derrotar el Partido Laborista al Conservador de Margaret Tatcher el liberalismo en la política económica no fue modificado, nunca intentando Blair reconstruir el viejo Estado obeso y propietario.
Volviendo a la coyuntura actual, en donde ante la crisis económica la inducción de nuevas regulaciones en los mercados financieros parece ser la medicina de elección, prescrita incluso por premios Nobel y las propias instituciones internacionales como el FMI y el Banco Mundial, en su momento campeones del liberalismo, con lo que la balanza se inclina a favor del Estado. Con esta tesis coincidiría casi en todo, salvo cuando llevas al concepto “Estado” al mundo real, pues es éste un concepto teórico mientras que en la realidad es el Gobierno a través de reglas, instituciones y personas quien interviene aplicando las medidas regulatorias. Ahora, para que el Estado regulara la actividad económica eficientemente, sin provocar distorsiones ni beneficios ni perjuicios a ninguno de los actores económicos, debiera representar la concreción optima del conjunto de demandas de la sociedad; situación que ni en las democracias avanzadas se da, pues si bien en éstas todos los intereses son escuchados, a fin de cuentas lo que prevalecen son de los grupos que democrática y mayoritariamente se imponen y conforman el gobierno, quien en consecuencia dicta políticas económicas y sociales tomando en cuenta primero a los vencedores. Es lógico entonces que sí en algún país vence un partido mayoritariamente campesino, sea su agenda proteccionista y aislacionista la que se traduzca en regulaciones que los favorezcan en contra de los otros sectores de la economía.
Si esto ocurre en democracias avanzadas, donde los intereses particulares se exponen transparentemente, peor será en democracias incipientes como México, donde una cosa son las agendas públicas y otra muy diferente los intereses que se mueven tras los actores políticos, pues se puede proclamar que “Primero los pobres” mientas se favorece mediante regulaciones con dedicatoria a intereses específicos y aliados valiosos; no por nada el “capitalismo de cuates” es producto, a partes iguales, de democracias rudimentarias y regulaciones sesgadas. Las fuerzas del mercado podrán ser ciegas y sus efectos sociales terribles en muchas ocasiones, pero si debiera optar entre éstas y las leyes y regulaciones producto del trabajo de nuestros legisladores, mi fe neoliberal se confirmaría; entre Bernie Maddoff y Manlio Fabio Beltrones voto por el primero, con todo y sus pirámides.
* Nació en el DF en 1952, reside en Aguascalientes desde 1992. Medico cirujano por la UNAM, sin ejercicio lucrativo de la profesión. Desempeñó diversos encargos en la Administración Pública Federal, principalmente en el INEGI y la Secretaria de Programación y Presupuesto. Investigador de los determinantes económicos y sociales en la salud, colaboró en el proyecto “Salud Enfermedad y Muerte en los Altos de Chiapas” en el Centro de Investigaciones Ecológicas del Sureste, y en la investigación publicada en la serie “Necesidades Esenciales: Salud, situación actual y panorama al año 2000”, por la Presidencia de la República y la Ed. Siglo XXI, en 1983.
Militante de la izquierda desde 1968; fue Secretario de Formación Política del Comité Estatal del PRD de 1997 al año 2000. Analista sobre temas políticos y sociales en diversos medios locales, como las revistas Crisol y Tiempo de Aguascalientes y los diarios El Sol del Centro, Página 24 y Aguas; escribe para el suplemento Contextos del diario de circulación nacional Milenio desde el año 2001. Fue coordinador del libro: “Alternancia y transición democrática, la experiencia de Aguascalientes”, editado en el año 2005 por el Senado de la Republica y la Universidad Autónoma de Aguascalientes.