EMPLEOS
Dado que el eje de las ofertas del gobierno panista fueron los empleos, prácticamente todos los partidos, en la promoción de sus candidatos a legisladores, aluden al tema, resaltando el incumplimiento. Sin embargo, si Usted conversa con cualquier pequeño o mediano emprendedor, escuchará la queja acerca de la falta de responsabilidad, la impuntualidad, la trampa, el engaño y en general la hartura de tener que tratar con gente mal hecha, abusiva y desleal. Esta historia tal vez se parezca a su caso y quizás con ello clarifique el grave problema de productividad en el país. Situación que no podrá ser resuelta por partido o gobierno alguno, si no empezamos por aceptar las causas que a lo largo de los años nos han llevado a este punto.
Don Roberto en su juventud, trabajaba en una imprenta, ahí aprendió todas las fases del proceso y hasta algo de administración. Un buen día llegó y encontró las banderas rojinegras; un sindicato, al cual ninguno de los que ahí laboraban estaba afiliado, promovió la huelga. Se adhirieron los nuevos y los menos productivos. Al final los trabajadores sacaron algo, a costa del cierre de la empresa. Como siempre ha sido hombre de trabajo y de ahorro, compró equipo usado, empezó a trabajar y a entender porque su anterior jefe siempre estaba estresado, como es que llegó al infarto y porque finalmente falleció.
Cuando la empresa de Roberto fue chica, sus problemas no iban más allá de tener que sacar personalmente la chamba comprometida, porque a alguien “se le murió la abuelita, se quedó atrapado en el metro, tuvo que ir al médico de urgencia por que le dolían los huesos o lo llamaron a una junta escolar”. Conforme su negocio fue creciendo, estás nimiedades empezaron a pasar desapercibidas, sin embargo la productividad no era proporcional al aumento de personal y el costo de la nómina y ¡claro! descubrió, que había turnos acordados entre los empleados para checar la tarjeta de los que llegaban tarde o se retiraban antes, que los responsables de mantenimiento casi nunca estaban pues se convirtieron en una especie de guaruras del jefe de taller, que la secretaría mentía para cubrir a la gerente a cambio de autorizarle horas extras, y que todos tildaban al patrón de explotador. ¿Por qué es tan difícil al que infringe una regla o incumple su responsabilidad acordada admitir su propia culpa?
Roberto llegó a la etapa de los abogados. Empezó a tener miedo de dar una orden o recriminar faltas que le implicaban reponer kilos de papel, arreglar una máquina mal manejada o entregar a destiempo el trabajo acordado con el cliente, pues la respuesta era el abandono del trabajo y la posterior demanda en conciliación con el cuento de que: “me corrió, me dio malos tratos, me cambió las condiciones de trabajo” etc. Nunca pudo entender, porqué debía regalar dinero a un mentiroso -capaz de llevar testigos que a todas luces eran falsos- responsable de hurtos en el taller, -al cual no denunció por considerarle el único sustento de su familia - y menos aun comprendió los motivos de las autoridades para darle la razón a tales sujetos, con una larga historia de juicios en contra de otros patrones.
Tener que acceder “a una conciliación” forzado por el hecho de que el perito va a decir que la fecha de la renuncia presentada por el trabajador fue escrita con posterioridad a la que se firmó el documento, fue el colmo de su nacionalismo. ¿Cómo puede perito alguno saber si fue el mismo empleado tramposo el que hizo el documento sin firma, lo firmo, lo fotocopiado y después le puso la fecha? ¿Cómo puede un no perito –secretaria, gerente o el mismo dueño- darse cuenta de tal chapuza? ¿A que línea de ética responde el abogado o el procurador que “defiende” a este delincuente en ciernes? Al punto del infarto, Roberto “se arreglo”, con la frustración de sentirse cómplice pasivo de la corrupción que alcanza todos los niveles del país y, hoy está vendiendo su empresa y empezando una similar en el extranjero. No le importa quien gane la elección de julio, no cree en ningún partido, está decepcionado del país en el cual nació, creció y se formó.
Al igual que muchos, sabe que la justicia y el apoyo no son para la gente decente ni emprendedora. No desea quedarse en un lugar donde todos engañan a todos, la mitad odia a la otra mitad y el temor es tal que los menos malos carecen de valor para denunciar a los muy malos. Se va porque sabe de muchos casos de robos auspiciados por aquellos a quienes los emprendedores les dieron empleos, de choferes secuestradores de los hijos de los emprendedores, de abuelitas no fallecidas que cuidan a los secuestrados, de abogados y miembros de juntas laborales coludidos para siempre extorsionar a los patrones.
Roberto por mucho tiempo defendió al trabajador, él mismo fue trabajador, luchó por los derechos laborales, se opuso a cambios en el artículo 123; pero hoy él está dispuesto incluso a perder todo, con tal de recuperar su tranquilidad, su felicidad, su vida. ¿Cómo creer en el sindicalismo con líderes y compañeros que se venden al mejor postor? ¿Cuál es la efectividad de programas de capacitación para el empleo frente a algunos medios de comunicación enseñando mañas en sus telenovelas y noticieros? ¿Que garantía tiene un pequeño empresario y su familia, frente a burócratas de juntas laborales y procuradurías del trabajo, que solo saben de “arreglos” en contra del patrón? ¿A cuenta de que, se premia de oficio al trabajador irresponsable? Y mientras miles de Robertos, en el ámbito universitario, comercial e industrial de plano nos abandonan, aquí se quedan los ambulantes, los criminales organizados, los adictos a la ley de la selva y la del Talión y hasta llegan a ocupar una cururl o una cartera en cualquiera de los otros poderes –mediáticos, de facto, de partidos, religiosos- sin contar con un ápice de sabiduría, prudencia, generosidad, cultura política o ética elemental.
¿Quiénes fueron los hombres armados que atacaron a empleados de PEMEX frente a la Secretaria del Trabajo? ¿Qué líderes sindicales deshonestos han sido castigados por corromper a empleados de la misma calaña? ¿Con que acciones la Secretaría del Trabajo, promoverá una cultura de responsabilidad que genere empleos estables y calificados? ¿Se han previsto castigos a quienes compran y venden voluntades, acusan sin fundamento, amenazan y se hacen de la vista gorda frente a los incumplimientos obrero patronales? ¿Por qué seguimos tratando a la clase trabajadora, como si fueran impúberes, incapaces de afrontar en igualdad de condiciones las consecuencias de sus afirmaciones? El empleo es pues algo más serio que promesas de campaña.
* Comunicóloga.