Mundo global


PROTECCIONISMO O REGULACIÓN


Lilia Cisneros Luján *

Seguir subsidiando a las oligarquías mundiales o regular el manejo que éstas hacen del dinero; es quizá, la cuestión toral de la discusión que habrá de tener lugar en Londres en el marco de la reunión del Grupo de 20 países durante esta semana. Estímulos fiscales y rescates, es la postura primordial de Washington como receta para remontar una crisis financiera mundial que -guardadas las particularidades de tiempo, concentración de la riqueza, explosión demográfica y geopolítica- los pueblos comparan con la ocurrida en la tercera década del siglo pasado; en tanto que la Unión Europea apuesta por una amplia reforma de la regulación y supervisión financiera que restauren la confianza en el sistema.

Las dos estrategias serán puestas a discusión por los integrantes de este foro, impulsado por ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales que en septiembre de este año cumplirá dos décadas de haberse creado "como un nuevo mecanismo para el diálogo informal en el marco del sistema institucional de Bretton Woods, para mejorar el diálogo en temas clave de política económica y financiera entre las economías sistémicamente importantes y para promover la cooperación que lleve a un crecimiento global estable y sustentable que nos beneficie a todos". Así como en la cumbre de Colonia –Alemania- en junio de 1999, el reducido G7 se vio obligado a incluir representantes de otros países alrededor del mundo lo cual propició el surgimiento del Comité Financiero y Monetario Internacional (CFMI) como parte del FMI, hoy en medio de una crisis anunciada; se espera que haya la suficiente sensibilidad para reconocer cuales son las causas primordiales que han llevado al mundo a una circunstancia de millones de personas que han perdido su techo, caída global de los precios de vivienda, suspensión de créditos, quiebra de pequeñas y medianas empresas y por supuesto un desempleo que bate marcas en todos los países del orbe.

Más allá de las multitudinarias protestas –pacíficas y violentas- de cuyos resultados es posible leer desde la semana pasada y que se constituyen en una de las mayores preocupaciones de Scotland Yard, se espera la sensibilidad para reconocer, como origen de los problemas mundiales –no del capitalismo, pues aun con el grave escenario los ricos siguen siendo muy ricos- un evidente cambio desfavorable de los sistemas financieros estatales. Llegamos a esta descomposición, por la voracidad sin límites de unos cuantos, que ocuparon buen parte de sus ganancias, primero para descalificar las instituciones históricas y formales de los países.  Después para enfrentar a los diversos actores dentro de las naciones a las cuales solo miran como mercados potenciales para llegar a su sueño dorado de libertinaje, sustituyendo finalmente a los gobiernos que pondrían coto a sus ambiciones, mediante supuestas modernizaciones democráticas.

Esta locura de libertinaje en el acaparamiento de la riqueza, se ha propiciado, consentido y apoyado, dando lugar a una grave mutación de credibilidad respecto a la Política y los gobiernos ¿Cómo resolver la estrechez a la que se ha reducido el margen de acción de naciones otrora soberanas? ¿De que forma los líderes nacionales pueden confrontar las multimillonarias campañas de desprestigio orquestadas por medios masivos de comunicación concesionados, cuyo desprecio por los derechos de la humanidad –de información entre otros- raya en verdadero libertinaje? La respuesta es simple y no requiere de mucha materia gris: Restaurando la rectoría estatal y el control sustentado en la Ley.  Mientras la toma de decisiones siga en manos de los poderes fácticos vinculados con el dinero de las grandes corporaciones, la transa mundial –incluido el comercio ilícito de armas, droga, personas y lavado de los billetes que ésta produce- seguirá imponiéndose.

De ahí la importancia de la postura de la UE, que entre otros muchos temas tiene en la mira del G20 no sólo a los bancos, sino a los paraísos fiscales donde muchos de éstos operan, las bolsas de valores y los fondos de inversión. Sin llegar a extremos superados como la nacionalización, la Europa del G20 propone, control de divisas y de mercados, evitando distorsiones en las competencias nacionales e internacionales. Exige que todos los productos financieros de riesgo y las agencias de calificación de éstos, sean sometidas a una entidad reguladora que inspeccione estrictamente su funcionamiento, evitando jurisdicciones laxas y proponiendo sanciones inmediatas a  quienes quebranten tales verificaciones. Con relación a las medidas proteccionistas, enarboladas como prioridad por los Estados Unidos, la tendencia europea es no aplicarlas, por considerarlas –en palabras del presidente español- como “un espejismo que acaba perjudicando a todos”.

Entre los documentos emanados de la reunión previa en Berlín, destaca la recomendación acerca de la necesidad de que los bancos aprovechen las épocas de bonanza económica para crear "colchones de capital" en los cuales apoyarse en tiempos de vacas flacas, así como la propuesta al FMI para duplicar los fondos a fin de ayudar con rapidez y flexibilidad a aquellos miembros con problemas en sus balanzas de pago. Todo ello pasa, por los conceptos clave que serán repudiados por los dueños del producto generado por las naciones: control, restablecimiento de la rectoría de los estados nacionales y coto definitivo a sistemas chantajistas de origen, que han corrompido a poderes ejecutivos, legislativos y judiciales de todo el mundo, a grado tal, que la confusión alcanza a casi todos los responsables de sanear la realidad, política, económica, y social de los pueblos. ¿Se requiere de algo extraordinario para instrumentar los mecanismos y nuevos instrumentos que recuperen la equidad y la justicia social? Un buen número de los manifestantes mundiales consideran que son el nacionalismo, la honestidad, el compromiso social, y la visión de largo plazo las cualidades fundamentales, para dar contención a una situación que a todas luces se ha salido de las manos de los que hoy gobiernan al mundo. ¿Atenderán los asistentes el llamado de sus pueblos?

* Comunicóloga.

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