LA OFERTA ELECTORAL Y LAS CAMPAÑAS POR EL VOTO
Víctor Manuel Barceló R. *
El proceso electoral federal está plenamente metido en la vida política y social del país. Sus implicaciones no se quedan allí. El gasto que representará a nivel local, si se maneja adecuadamente puede ser un detonante de empleo, por la variedad de productos y servicios de que echa mano para la promoción de las candidaturas. En algunos estados adquiere mayor relevancia porque se unen los procesos federal –que arrancó hace más de un mes- con los locales, tanto para elegir nueva legislatura como para la elección de los presidentes municipales.
Pero sería absurdo pensar que esa derrama de recursos –que harán los partidos, gastando proporcionalmente lo que les corresponde dada su fuerza electoral- será suficiente para salir del hoyo en que está sumida la economía nacional. La quiebra en la economía ocurre, por los coletazos de la crisis en el imperio, pero se mantiene fundamentalmente, por incapacidad de la programación del gasto federal y los estatales, que apenas cubren emergencias en salarios de la burocracia y la atención mínima a necesidades de infraestructura. El orden municipal está ayuno de posibilidades reales para atender la creciente demanda social.
En estas circunstancias internas, se coloca con importancia, dada por el gobierno federal, el asunto de la “guerra” contra el narcotráfico y la delincuencia organizada, que asola en algunos puntos de la geografía nacional, adquiriendo características muy preocupantes en la relación con sectores importantes del principal consumidor de estupefacientes: los Estados Unidos de Norteamérica. Frente a ello, no se aprecia movimiento gubernamental para conformar una política consensuada, entre las diversas fuerzas políticas que están participando en la puja electoral. Difícil saber lo que pueda ocurrir en los momentos cumbre de las votaciones. Pero no puede augurarse –por este motivo y otros que muestran desaseo en diversas facetas de la elección de candidatos al interior de los partidos- una presencia masiva en las urnas.
Solo podría revertirse tal perspectiva, si los partidos logran concretar, no solo en su plataforma electoral –que algunos ya lo hicieron- sino en el manejo de las campañas, los asuntos que interesan a los ciudadanos. Recordemos que en las encuestas, realizadas por diversas agencias que han prestigiado ese método de auscultación social, los partidos políticos ocupan el último o penúltimo lugar, en el aprecio positivo de la población y, por lo consiguiente, su representación principal: las Cámaras de Senadores y de Diputados. Esto ocurre, a pesar del esfuerzo promocional que las dos entidades del poder legislativo, llevan a cabo de sus tareas. Ni así, individual o colectivamente es reconocida su función fundamental, muchas veces probada en la práctica de la vida parlamentaria y nacional.
Ahora se inicia una nueva etapa, al menos para conformar la legislatura siguiente en la Cámara de Diputados. Muchos asuntos, relacionados con materias económicas –como lo fiscal, monetario y ajustes presupuestaless- quedarán pendientes de atención. La educación es un tema soslayado de la agenda nacional, en particular del poder legislativo. Para esto no valen paliativos, de acuerdo a nuestra Constitución la educación debe ser laica, republicana. Debe formar para la vida, no para atender a acciones específicas de empresas o entidades que se alejan del servicio social. Mucha atención habrá que tener de lo que aún se pueda avanzar en la actual legislatura, para que lo que se acuerde sea para beneficio de todos.
La salud es un tema atendido a retazos por el poder público. Innegable el esfuerzo programático y el aterrizaje de tales programas por las instituciones cumbre de la salud nacional -IMSS e ISSSTE-. Pero ni a éstas, ni al resto de quienes cuentan o no, con apoyo institucionalizado, se les está construyendo una estrategia global. De crearse, por un lado, debiera recuperar lo sólido de las políticas que dieron vida a tales instituciones, de la época de crecimiento constante de la nación –son fundacionales del desarrollo social instituido por la Revolución Mexicana-. Por otra parte, es la oportunidad de incorporar mecanismos, que pongan al día la seguridad social en su conjunto, como parte indisoluble del bienestar de los habitantes de México.
También lo relacionado con el gran tema de la reforma del estado, que puso en el tapete de las discusiones el Senado de la República, merecerá atención más puntual y menos declarativa. La nación está en un punto crucial: o le encontramos salida a las crisis que padece, mediante un nuevo pacto social, que recupere la ruta de la soberanía, la democracia y la justicia social, o nos exponemos a reacciones impredecibles de quienes ya luchan por “un mendrugo de pan”.
* Profesor y Licenciado en Economía. Se ha desempeñado en el Servicio Exterior, el Gobierno del Distrito Federal, la Secretaría de Gobernación y el Gobierno del Estado de Tabasco, entre otras responsabilidades.