México


CONVIVIENDO CON LA CRISIS ECONÓMICA


Rafael Mendoza Toro *

Crisis económica habemus, aunque durante un tiempo se nos haya tratado de convencer que nomas un “catarrito” nos esperaba, o que incluso ni preocuparnos debíamos, pues nuestra economía estaba “blindada” y los vendavales allende las fronteras no nos despeinarían ni un poquito; ni modo, la canija realidad se impuso y haciendo pucheros nuestros gobernantes terminaron reconociendo que la crisis ya llegó y que chance hasta prolongada sea. Por mientras más de un reportero sin nota se ha lanzado a las calles a “sondear” la percepción popular del problema, evidenciado de paso que ni hay “cultura económica” ni el tunde-máquinas aprobó siquiera un curso de economía doméstica; aunque leyendo a los expertos de todos colores, lo único que queda claro que no está nada claro y son más las suposiciones que las certezas y las hipótesis que el conocimiento; mucho se ha dicho sobre las causas pero poco sustancioso sobre las soluciones. Y en estas seguiremos un buen rato.

Con todo, dentro de un rango razonable, es posible hacer algunas afirmaciones más o menos fiables, incluyendo algunas lecciones de Perogrullo para capotear el vendaval. Para empezar, las posibilidades que la crisis adquiera dimensiones de catástrofe son escasas, se requerirían excepcionales dosis de mala suerte para que, por ejemplo, el PIB norteamericano se cayera en 20%, el desempleo lo siguiera y en cadena las economías del mundo se despeñaran al precipicio; sin pecar de optimista esa posibilidad es muy remota. En cambio, sí se debe temer una prolongación de la recesión más allá del 2010, siendo muy factible que nos pasemos cuatro o cinco años en estancamiento, con el PIB fluctuando entre crecimiento-decremento del 1%, un desempleo alto pero al menos con baja inflación; como le sucedió a Japón en la “década pérdida” de los 90s. Pese a las buenas expectativas, Obama ha perdido su momentum y se ve poco probable que el crecimiento retorne a finales de este año, como él anunció.

Los años de desempeño económico mediocre tendrán su costo, concentrándose principalmente en la clase media, sobre todo en la emergente. Sobre simplificando, partamos de definir a la “clase media” como aquella que ha satisfecho sus necesidad esenciales autodefinidas como “básicas” y en consecuencia ha iniciado el consumo de bienes y servicios “suntuarios”, de televisión por cable a pizzas a domicilio. Con un ingreso disminuido tanto por el desempleo como por la inflación, serán estos bienes suntuarios los primeros recortados, optando en su lugar por lo que se denomina “bienes inferiores”, o sea aquellos que igualmente cubren la necesidad, pero con menores niveles de satisfacción; un ejemplo sería la contratación de “paquetes básicos” en vez de “Premium” en cable, o de plano la cancelación de este servicio para atenerse sólo a la televisión abierta. En contraparte, serán los proveedores de estos “bienes suntuarios” clasemedieros los más afectados en primera instancia, no habrá muchas salas nuevas ni televisores de plasma en los hogares, igualmente sugeriría a quien quiera abrir una pizzería que lo pensara dos veces, pues las posibilidades de que ni las moscas se paren en su local nuevo serán muchas.

Pese a lo anterior, habrá ganadores, los proveedores de bienes inferiores a quienes la crisis realmente representará una oportunidad, como dicen que significa el ideograma chino. Siguiendo con el consumo de la clase media, serían por ejemplo las taquerías y expendios de “gorditas” quienes recibirían sus salidas a comer, pues les sería incosteable hacerlo en restaurantes; otro tanto se podría decir de los mecánicos automotrices, pues como no se verán muchos coches nuevos en sus cocheras, el dar mantenimiento a la carcacha será prioridad.

La devaluación del peso respecto al dólar tendrá un impacto diferencial: malo para quienes usan altas proporciones de componentes importados, pues subirán precios y perderán mercado; bueno entre más nacional sea el producto. En principio, uno de los sectores más favorecidos será el agropecuario, pues si las manzanas de Washington suben 40% de precio por la nueva paridad, su similar de Chihuahua tendrá una mayor demanda; lo mismo puede decirse de la carne de res texana, los mariscos peruanos o los vinos chilenos, donde los productos nacionales tendrían una ventaja adicional. Los servicios turísticos serán también beneficiados, pues al “abaratarse” en el contexto internacional podrán recibir visitantes extranjeros que no pueden darse ya mayores lujos, además de la demanda de la clase media mexicana, quien viajará poco al extranjero por los dólares caros, debiendo en consecuencia consumir lo que el país produce.

Las anteriores “aéreas de oportunidad” no son un intento de racionalizar los problemas que se vienen, o de intentar “poner al mal tiempo, buena cara”, conductas insólitas para un pesimista documentado; sino sólo intentos de re inducir el análisis objetivo en materia económica, donde mucha falta hace. Para documentar lo apuntado, van dos hechos reseñados en la prensa norteamericana en las últimas semanas: en medio de los reportes catastróficos de la mayoría de las compañías, destacaron por sus buenos resultados financieros Mc Donald´s, la cadena de hamburguesas, y los supermercados de Wall Mart, al punto que en 2009, en medio de la recesión y el miedo generalizado a invertir, continuarán con sus planes de expansión, tanto en establecimientos como en empleos. Ambas compañías, por definición, son proveedoras de bienes inferiores, desdeñadas en los buenos tiempos por la clase media norteamericana, pero que en tiempo de recesión la recibirán como nuevos y empobrecidos consumidores; algún corazón juvenil se romperá por dejar de usar “jeans de diseñador” para lucir los comunes y corrientes de marca genérica; empero así funciona la racionalidad económica y le será más sencillo sobrellevarla cuando todos sus amigos compartan esa “moda”.

Habrá con todo, terrenos donde la racionalidad no funcione y los bienes inferiores no alcancen el mínimo aceptable, como él vitivinícola, donde pese a que los tintos chilenos se encarezcan proporcionalmente a la devaluación, la opción nacional no es aceptable más que para cocinar, por lo que la racionalidad indicaría que en lugar de tres botellas se compren sólo dos, o mejor seguir comprando tres y recortar gastos suntuarios como ropa o peluquería. La lección final es que en la economía capitalista los consumidores somos soberanos y el ejercicio de nuestra libertad es también factor de expansión y crecimiento.

* Nació en el DF en 1952, reside en Aguascalientes desde 1992. Medico cirujano por la UNAM, sin ejercicio lucrativo de la profesión. Desempeñó diversos encargos en la Administración Pública Federal, principalmente en el INEGI y la Secretaria de Programación y Presupuesto. Investigador de los determinantes económicos y sociales en la salud, colaboró en el proyecto “Salud Enfermedad y Muerte en los Altos de Chiapas” en el Centro de Investigaciones Ecológicas del Sureste, y en la investigación publicada en la serie “Necesidades Esenciales: Salud, situación actual y panorama al año 2000”, por la Presidencia de la República y la Ed. Siglo XXI, en 1983.

Militante de la izquierda desde 1968; fue Secretario de Formación Política del Comité Estatal del PRD de 1997 al año 2000. Analista sobre temas políticos y sociales en diversos medios locales, como las revistas Crisol y Tiempo de Aguascalientes y los diarios El Sol del Centro, Página 24 y Aguas; escribe para el suplemento Contextos del diario de circulación nacional Milenio desde el año 2001. Fue coordinador del libro: “Alternancia y transición democrática, la experiencia de Aguascalientes”, editado en el año 2005 por el Senado de la Republica y la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

Volver