Ensayo


MIGUELINA GUIRAO: UNA CIENTÍFICA ARGENTINA PIONERA EN SU CAMPO


Ana María Peppino Barale *

El 25 y 26 de marzo de este 2008 se celebró en el Centro Cultural de España en Buenos Aires el Encuentro Hispano-Argentino de Científicas, organizado por la Consejería de Educación y Ciencia de la Embajada de España y la Fundación Carolina-Argentina. Como señala su convocatoria, dicha reunión se concreta como una forma de impulsar la visibilidad de las mujeres que trabajan en las áreas relacionadas con las ciencias experimentales y de la salud. Tanto en Argentina como en España es considerable el número de mujeres investigadoras y docentes universitarias y muchas de ellas han abierto el camino en sus respectivos campos para la incorporación femenina en actividades tradicionalmente realizadas por varones. Con gran tino el equipo organizador preciso una dinámica que favoreció el diálogo entre ellas y con el público asistente que gozamos de la espontaneidad con que las cuatro argentinas y cuatro españolas, desplegaron su propia biografía profesional. No solo dieron una visión personal de su campo de estudio y desarrollo sino que, con gran sentido del humor, relataron los avatares propios de su trayectoria tanto en su formación y especialización como en el trato con el mundo masculino en que ellas fueron pioneras.

De igual manera, la participación de las científicas se organizó de dos en dos, de acuerdo con su área de especialización y de trabajo. La oceanógrafa bióloga argentina, Viviana Alder (Pto. San Julián, Santa Cruz, 1957), y la experta española en microbiología marina Josefina Castellvi, realizan investigaciones en el Continente Antártico. Pilar Carbonero ingeniera agrónoma de la Universidad Politécnica de Madrid, dirige un grupo de investigación en Ingeniería Genética Vegetal y Biología Molecular de Plantas, mientras que Graciela Salerno, doctora en Ciencias Químicas, comparte el interés por la biotecnología desde su cátedra de la Universidad de Buenos Aires.

Por su parte, la argentina Silvia Mochen es médica especialista en neurología y centra su interés en evaluar la presencia de las mujeres profesionales en las ciencias de la salud y en la vida académica, sesgo que comparte con la doctora María Jesús Santesmases doctora en Química, investigadora del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid, que también dedica tiempo a la historia de las mujeres científicas del siglo XX.

Dolores Cabezudo, de la Universidad española de Castilla - la Mancha, trabaja en el campo de la química analítica y la tecnología de los alimentos, mientras que su compañera de exposición, Miguelina Guirao (MG) se dedica a la investigación de los mecanismos neurobiológicos y psicofísicos de los sentidos humanos, ambas encontraron en la química la metodología y los contenidos para abordar la comprensión de los paladares y los sentidos.

Precisamente, la exposición de esta última más que la lectura de su extenso currículo, me dieron pie para intentar esbozar una semblanza de esa pionera argentina de la multidisciplinariedad científica, ya que el recuento que presentó MG con gran sentido del humor, da cuenta de que no hay camino que por dificultoso que parezca impida a una mujer decidida, a escalar posiciones dentro del mundo de la investigación y creatividad de alto nivel.

Las mujeres y la ciencia

Desde la perspectiva de género se trabaja para documentar el paso de las mujeres en las ciencias y para analizar dicha situación en el entorno de una sociedad que durante siglos relegó a más de la mitad de la población a los espacios privados y a la falta de educación y de oportunidades para el desarrollo personal. Los estudios históricos recientes han constatado la invisibilización de las aportaciones de las mujeres en la ciencia y la tecnología (leyes y legislación han colaborado en ese sentido), mientras que historiadoras de la ciencia han rescatado la presencia femenina en este ámbito con resultados sorprendentes. Se trata, de romper con el mito de la “minusvalía” femenina en áreas de antiguo predominio masculino y demostrar, trayendo a la luz, la experiencia de tantas mujeres que han transitado con éxito por esos campos en tiempos en que tal hecho era una “curiosidad”.

Así, si se quiere una forma de vida más incluyente, se debe poner atención en dónde están las mujeres para trazar un mapa lo más cercano posible a la realidad y con ello poder estructurar medidas que desmoronen los prejuicios y la desconfianza acerca de la capacidad de las mujeres para desarrollarse particularmente en el campo de la tecnología y la ciencia. De ahí la importancia de destacar el quehacer exitoso de mujeres que con tesón, empuje, preparación sistemática y un claro sentido de su valía, abrieron el camino para las generaciones actuales de universitarias que deben mirar con confianza su incursión en los campos de estudios en que actualmente concurren más varones.

El techo de cristal

Aquí me refiero a una científica que rompió el “techo de cristal”, que hizo trizas esa barrera invisible por su transparencia pero que por su dureza es difícil de traspasar. Obstáculo que no está determinado por leyes ni dispositivos sociales explícitos, ni por códigos escritos que impongan una limitación al género femenino en su avance educativo y profesional. Sin embargo, existe; intangible pero destructivo signo de una sociedad androcéntricamente patriarcal.

Tal vez MG nunca se enteró de la existencia de tal techo de cristal porque su trayectoria no habla de claudicaciones sino de una sorprendente habilidad para estar en el lugar y con las personas adecuadas, si bien, como ella misma relató, importantes relaciones con miembros masculinos destacados de la ciencia surgieron de equívocos producto de su joven ingenuidad.

Sin proponérselo fue pasando de las Humanidades a las Ciencias Experimentales y así, del trabajo cotidiano, fue surgiendo un proyecto pionero en su género: el Laboratorio de Investigaciones Sensoriales (LIS), que es hoy una realidad consolidada en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y con gran reconocimiento internacional.

Al finalizar su carrera de Filosofía en la UBA, siguió indagando sobre la Teoría del Conocimiento con particular énfasis en las relaciones entre el sujeto y el objeto.  Su tema de tesis referido al problema del origen del  conocimiento  la llevó al estudio de los procesos cognitivos, para lo cual realizó su perfeccionamiento en el Instituto de Psicología de la  Universidad Católica de Milán, donde se le despertó el interés por la ciencia y por el enfoque interdisciplinario de la investigación científica.

De regreso en Buenos Aires, una obra despertó su curiosidad por el estudio de los sentidos: Handbook of Experimental Psychology editado por S. S. Stevens, Profesor de la Universidad de Harvard. En una entrevista con el Dr. Bernardo Houssay, que era entonces presidente del CONICET, le manifestó que en su plan de investigación faltaba incluir los procesos sensoriales, igualmente le comentó sobre el libro de Stevens y Houssay le sugirió que se presentara al concurso para Becas Externas del  CONICET.  La consiguió y el Dr. Stevens aceptó dirigir su beca.

MG relata que no había  notado ninguna actitud discriminatoria hacia su persona pero algo sospechó   en la primera entrevista que tuvo con  Stevens en Harvard, pues éste no bien entró a su oficina le dijo: ¨¡Oh! Creí que era un hombre¨. A lo que Miguelina, le contestó que no había nada que podía hacer al respecto.  Si bien le causó gracia la respuesta de la joven becaria, trató de disuadirla del proyecto enfrentándola a tareas que presuponía no iba a poder llevar a cabo. La envió a construir un Potenciómetro de Sonido en el taller de Mecánica y Electrónica, indicándole que en el Laboratorio encontraría los manuales de los circuitos y todos los elementos que necesitaría para construir el equipo.

La asombrada argentina le recordó que venía de las Humanidades y que “nunca había pelado un cable”, a lo que Stevens con gesto no muy amigable le contestó  “que ahora iba a aprender, que el también venía de las Humanidades y que los primeros frecuencímetros, voltímetros y demás equipos de audio que había en el Laboratorio habían sido primero diseñados y luego construidos por él con la ayuda de los técnicos”.

Afortunadamente el  técnico encargado del taller  la apoyó y así logró su cometido, si bien no en el primer intento. De esos experimentos resultó el primero de varios trabajos  que publicó con el propio Stevens en Journal of the Acoustical Society of America. Así fue como se inició en la Investigación y rompió el esquema que el propio Stevens tenía –según le comentó posteriormente- “que  en general las mujeres no estaban interesadas en la investigación”.   

Nuevamente en Buenos Aires, MG ingresó a la Carrera de Investigador del  CONICET y a la Facultad de Ingeniería de la UBA donde dictaba Psicoacústica como Adjunta de la Cátedra de Electroacústica.  En una segunda etapa, retornó a Harvard como investigadora contratada y posteriormente, en Argentina, comenzó a desarrollar proyectos de investigación con un grupo de becarios, de diferente formación universitaria, en primer lugar con sede en la Cátedra de Biofísica de   la Facultad de Medicina (UBA) y luego en el Departamento de Investigación y Docencia del Hospital de Clínicas (UBA). De ese modo se fue formando el Laboratorio de Investigaciones Sensoriales (LIS), que en su inicio recibió un gran respaldo con la visita de Georg von Bekesy, físico e ingeniero, que recibió el Premio Nobel de Medicina y Fisiología  1961, por haber dilucidado los mecanismos de funcionamiento de la cóclea auditiva.

MG recuerda que a poco de llegar a Harvard, vio el nombre de von Bekesy  en el panel de entrada del Laboratorio y esperaba una oportunidad para conocerlo personalmente, aunque le habían informado que hacia pocos años que había venido de Hungría y que   viajaba con mucha frecuencia  a otros lugares de Estados Unidos y Europa. Su encuentro con el reputado científico -que un año después alcanzaría el Nobel-, reviste características chuscas pues lo confundió con el cuidador de las palomas con las cuales experimentaba  Burrhus Frederic Skinner (1909-1990), el controvertido psicólogo experimental, defensor del conductivismo radical. Esta confusión se originó porque el lugar de trabajo de Miguelina estaba en la misma galería  que el laboratorio  de las palomas y en varias ocasiones había visto que  por allí iba y venia un hombre sencillo con delantal de trabajo. Como ella tenía curiosidad por ver la interacción entre esas aves y los mecanismos automáticos que registraban sus conductas, le pidió permiso al que creyó era su cuidador para  entrar a verlas. Le extraño verlo un día en uno de los   seminarios que se dictaban en el Laboratorio, pero la ocasión crítica se presentó en la biblioteca donde fue a devolver un libro y  lo encontró haciendo lo propio mientras hablaba en alemán con la bibliotecaria, ésta lo llamó por su nombre cuando se retiraba para que  que firmara la devolución. MG se quedó helada al oír el nombre, sin embargo decidió no comentarle nada sobre su confusión y siguió el trato informal original, lo cual facilitó su aprendizaje al lado del personaje.

Pero cuatro años más tarde, en 1968, Georg von Bekesy aceptó la invitación para dictarles un curso en Buenos Aires. Ahí recibió el Doctorado Honoris Causa  de la UBA y durante el acto con el que el Rectorado homenajeaba al premiado, MG en su conferencia contó dicha anécdota y comentó que probablemente tuvieron el  honor de la presencia de von Bekesy porque lo había confundido con el cuidador de las  palomas.

En 1972, el LIS fue  reconocido oficialmente como Centro dependiente del CONICET, si bien el grupo de trabajo había comenzado a funcionar en 1968. Los objetivos propuestos eran:

"Investigar los procesos sensoriales como sistemas mediante los cuales el individuo recibe y  procesa información proveniente del medio externo y de su propio organismo. Introducir esta disciplina en nuestro medio formando científicos y técnicos que a su vez ejercieran la docencia. Realizar intercambio científico con centros afines del exterior y aplicar los conocimientos a los sectores educativo, de la salud e industrial".

Si bien el tema central de los Proyectos de Investigación estaba referido a los Procesos Sensoriales, los temas específicos fueron cambiando de acuerdo con la demanda de los nuevos tesistas y becarios que llegaban de diferentes carreras universitarias con lo que el LIS funcionó como un centro interdisciplinario de investigación básica y aplicada en las áreas de:  Ciencias Cognitivas, Procesos Sensoriales, Psicofísica,  Percepción,  Sentidos Químicos,  Evaluación Sensorial de alimentos, Percepción de habla, Análisis de la voz, Reconocimiento Automático de Habla y  Patologías Neurosensoriales.

Producto de las investigaciones MG publicó “Los sentidos, bases de la percepción”, (Madrid, Alhambra, 1980); fue la primera publicación sobre el tema de los procesos sensoriales en lengua castellana.

Como sucede en nuestros países latinoamericanos, esta labor pionera del LIS lejos de favorecerles dio lugar a muchos inconvenientes, particularmente por la falta de tradición de los temas de investigación; además, al no pertenecer al sistema curricular de ninguna Facultad los colocó en una situación de desventaja inclusive con respecto al lugar de trabajo, ya que tuvieron que mudarse cuatro veces con las consiguientes dificultades que acarrea el hecho de tener que desmontar y reinstalar laboratorios. Actualmente han regresado al lugar de origen, pero esta vez acogidos por el Departamento de Neurociencias del Hospital de Clínicas. Con pesadumbre, MG dice:

"Durante muchos años el CONICET no tuvo Comisiones Asesoras  Interdisciplinarias. En el orden local nuestros trabajos tenían que peregrinar de una Comisión Asesora a otra con las consiguientes demoras. Se obtenían juicios parciales y a menudo también contradictorios. Con muy pocas excepciones nuestros interlocutores válidos estaban en el exterior. De hecho el reconocimiento a nuestro trabajo ha provenido mayormente de colegas extranjeros. En este aspecto el intercambio ha sido permanente ya sea dictando cursos y seminarios y llevando nuestros trabajos al exterior o recibiendo a los investigadores visitantes. Uno de los mayores obstáculos ha sido la falta de apoyo económico. Hubo largos periodos en los que los subsidios que recibimos del CONICET para apoyo institucional resultaron insuficientes para mantener la infraestructura del Laboratorio".

El relato de esta científica es prueba innegable del por qué nuestros países no despegan, el contexto desfavorable que representan la inestabilidad política y económica y los vaivenes ideológicos no sólo caracterizan al país conosureño sino que constituyen el denominador común de este subcontinente.

Cierre

Si revisamos el currículo de Guirao, no parece haber tenido dificultades para desarrollar un trabajo consistente y de gran proyección. Sin embargo, ella misma reconoce que el modo de segregar a la mujer a menudo reviste características tan sutiles que es difícil percibirlo como tal. Igualmente, señala que durante su permanencia en centros de investigación de países avanzados pudo apreciar que la situación de la mujer no es más aventajada que la de su país. Al respecto relató que en una oportunidad en la que dictaba un seminario de postgrado en una universidad japonesa uno de los organizadores le pidió que en los primeros diez minutos no entrara directamente al tema porque los estudiantes, que eran todos varones, iban a distraerse ante la sorpresa de encontrarse con una mujer… y argentina, es decir, de ninguno de los países de liderazgo científico.

Pese a todas las dificultades y los prejuicios que en muchos casos conducen a las mujeres a la autoexclusión de la actividad científica y tecnológica, las científicas agrupadas en el encuentro de Buenos Aires, supieron imponerse en el medio académico y científico para romper el ya nombrado techo de cristal y con ello abrieron los espacios para las generaciones siguientes que, según las experiencias relatadas por las más jóvenes de las participantes, el camino está un poco más parejo.

MG indicó con preocupación que los hombres continúan siendo mayoría en carreras como Ingeniería e Informática y que en éste último campo donde se ha establecido cultura tecnológica con importantes repercusiones para la sociedad, las mujeres no tienen protagonismo y, en buena medida, se han convertido sólo en meras usuarias. De acuerdo con esto último, es indispensable realizar un censo retrospectivo para tener un mapa real acerca de la participación de las mujeres en la ciencia y la tecnología. Y comenzar por trazar las gráficas respectivas sobre la presencia femenina en las diferentes disciplinas, en los posgrados y, también, en su participación en los órganos de decisiones. Posteriormente, establecer comparaciones con otros países, de nuestra propia área latinoamericana con respecto a otros países, de los avanzados y de los emergentes.

* Profesora investigadora de la UAM Azcapotzalco, Departamento de Humanidades, Ciudad de México.

Volver