CRECIMIENTO ECONÓMICO VS. IMPOTENCIA
Víctor Manuel Barceló R. *
Poco a poco los impactos de la crisis global de la economía, nos van centrando en lo fundamental: la afectación en niveles de vida de los seres humanos, fundamentalmente en países dependientes . Esta afectación se aprecia en: el empleo –medio millón perdieron el suyo en tres meses-; a través de mecanismos financieros que apoyan al individuo y las empresas; en la seguridad personal y familiar; en servicios que el gobierno, por obligación, debe ofrecer a las personas, en materia de educación, salud y otros rubros en general, del bienestar de los habitantes de nuestros pueblos y ciudades.
Está claro que la primera reacción de las empresas, al sentir afectada su actividad fundamental –sea productiva, extractiva, agropecuaria o comercial- es aligerar su carga en salarios. Esto trae como secuencia, que sean despedidos porcentajes altos de su personal. Según el tamaño de la empresa y el golpe recibido por la recesión, será la cantidad de empleados, obreros, jornaleros y demás trabajadores que serán “puestos en la calle”, en muchos casos sin indemnización adecuada. En lo general, salen con la absoluta imposibilidad de obtener ocupación remunerada, en el inmediato futuro.
Muchos trabajadores no son precisamente retirados de su tarea. Esta se ve recortada en horas y, por lo consiguiente en ingreso. Su economía se ve seriamente afectada, lo que lleva a recurrir al sistema financiero para, mediante préstamo prendario o, a través de su pago de nómina –en que se autorizan prestamos, por dos, tres y cuatro meses de salario- poder atender parte de sus necesidades más urgentes.
En este terreno causa preocupación la proliferación de casas de empeño, a lo largo y ancho del territorio nacional, que otorgan préstamos, hasta donde se aprecia, por prendas –televisores, radios, planchas, muebles, joyas, automóviles, ropa y otros- sin precisiones en cuanto a la forma de valorar lo que reciben. Prestan una parte, menor del valor real del objeto puesto a resguardo. En muchas ocasiones, por imposibilidad económica del trabajador que tiene que recurrir ante esa instancia –cuya regulación no es muy conocida- este pierde su prenda, cuyo valor estimativo y utilitario, le crea un grave problema personal, afectando profundamente, el patrimonio familiar.
El gobierno federal tiene potestades para, ya sea apuntalar financieramente a las empresas para que no se pierdan empleos, o de plano comprar acciones de las mayores, para preservar el nivel del empleo. Esto está ocurriendo en el imperio y en la Comunidad Europea, como en otros países latinoamericanos, asiáticos y de otras latitudes. Frente a ello, nuestro gobierno está dormido. O se quejan algunos de sus personeros de la situación imperante –ya no se habla del resfriadito cartensiano- o quieren mantener las cosas en calma, refiriéndose al pronto retorno de la prosperidad, que por cierto hace tiempo no se ve.
Cuando los afectados son los propios empresarios, la banca ofrece refaccionarlos con recursos, a tasas del 20% anual. Pocas empresas pueden aguantar un impacto de ese tamaño en sus finanzas. Otras lo hacen como último y desesperado esfuerzo para sobrevivir, confiando en los dichos oficiales de que “lo peor de la crisis ya pasó” o de que estamos en la cresta de la misma. Lo que podría funcionar -con un buen mecanismo innovador y recursos suficientes- son las medidas oficiales de: Paros Técnicos –apoyo a empresas con un tercio del ingreso de los trabajadores, deteniendo su despido- cobertura por medio año, a despedidos y el antiguo Programa de Empleo Temporal.
Con tales propósitos, el gobierno federal apoya el Fideicomiso “México Emprende”. Allí pretenden generar apoyos a las Pymes, con una bolsa de 250 mil millones de pesos. Sin embargo, surge el mismo problema de siempre: los banqueros manejarán los recursos. Se hará a tasa del 20%, más comisión de apertura, que puede llegar al 2%. Nuevamente el gobierno se desentiende de su obligación y deja en manos de la especulación financiera, un programa que debiera ser propio.
Acercar créditos al 5% anual a las Pymes, con dineros del fisco o de las reservas -utilizadas para contener la caída del peso frente al dólar y, a lo mejor, enriquecer a unos cuantos- sería señal positiva y arranque de un programa de recuperación del mercado interno. Lo mismo podría hacerse –métodos propuestos por CNC y otras organizaciones agrarias- para recuperar al campo su capacidad productiva de básicos y otros productos, entrelazándole con apoyos a las Pymes, para reintegrar las cadenas productivas, hoy en manos de transnacionales.
El impulso a la producción señalado, dotaría de recursos fiscales al gobierno. Con ellos atender educación y seguridad social. Por esa ruta, la seguridad de personas y sus familias, encontrarían vías de atención, adecuadas a las circunstancias de una nación en marcha. Superemos las condiciones actuales de “guerra” al narco, por la construcción de una vía mexicana al desarrollo del país. Estrategias de crecimiento económico frente a inacción por impotencia, esa es la alternativa.
* Profesor y Licenciado en Economía. Se ha desempeñado en el Servicio Exterior, el Gobierno del Distrito Federal, la Secretaría de Gobernación y el Gobierno del Estado de Tabasco, entre otras responsabilidades.