SOMOS TODOS TAN LIMITADOS
Alfonso Valdivia Medina *
A SUFRAGAR: Conforme se acerca la temporada de elecciones y con esto el derecho a votar por nuevos, viejos y hasta saltimbanquis políticos, me parece conveniente escribir en el entorno de estos hechos, con la clara intención de tratar de sacudir las conciencias y hacer reflexionar a la mayor cantidad posible de compatriotas, de lo que han sido todos y cada uno de los candidatos de cualquier partido, de esto que ha sido el “corpus corruptus” nacional. Esta observación se basa en lo que han demostrado absolutamente todos/as, más aún desde que se les dio la posibilidad de llegar a ocupar los puestos que tradicionalmente ocupaban los priístas. Cabe mencionar que estas alternativas para que llegaran otros grupos políticos, se dieron porque la ciudadanía en su conjunto estaba harta de los abusos, latrocinios, saqueos, patanerías y mil porquerías, de incontables priístas, y esto es absolutamente cierto, y conviene no olvidarlo.
Claro que antes de tratar de sacudir las conciencias, sería sano recordar todo lo que hemos conocido y vivido, para tratar de entender el “por qué” seguimos participando en esta especie de mascarada, o qué nos mueve para participar, aún y a pesar de haber conocido actos televisados de corrupción, como en los intentos de vender beneficios y concesiones del verde sempiterno con sus cínicas declaraciones de “me chamaquearon”, o lo que supimos del hermano incómodo que amasó fortunas en bancos suizos, o del súper sueldo del chofer-asesor-guarura, o la del señor de las ligas, y hasta los negocios multimillonarios de los hijastros del “borderline” ex presidente, aunado a multitud de amiguitos/as cariñosos/as, compadres y otras locas, más una sarta de parásitos que, surgidos contranaturalmente de la corrupción y el nepotismo, son auténticos “intocables”, paridos como hijos bastardos de reputación malsana. Esto es, gusanos y gusanas rastreros/as que cambian su condición de ciudadanos promedio, para transformarse en magnates enriquecidos hasta la náusea, a pesar de que algunos retrasados mentales crean que las fortunas acumuladas, son producto de enriquecimientos inexplicables. ¡Vaya colmo de la estupidez de los que así se expresan y con esto justifican tan claros e inverosímiles latrocinios!, ¡Inexplicables… carajo!
Con todo esto, es un auténtico misterio y algo absolutamente inentendible el comportamiento de estas masas que de buena, o de mala fe, y hasta sin ganas, participamos en la elección de aquellos que después habremos de maldecir y señalar como sátrapas, gestados por un mal gobierno. ¡Había que verlo, para creerlo! Tal parece que padecemos en conjunto, algún grado de estupidez en masa.
Y aunque por supuesto existen otro tipo de participantes conformados por grupos minoritarios, como en el caso de los familiares, amigos, más todo tipo de arribistas y parásitos arremolinados en el entorno de los inmorales políticos, de ninguna manera justifican estos grupúsculos de lambiscones, los otros tantos millones que participamos en las elecciones.
Es cierto y evidente que los borregos necesitan de un pastor que les guíe, no obstante me permito parafrasear al historiador romano Caius Suetonius Tranquillus, que decía que el buen pastor esquila a las ovejas, pero no las devora. Sin embargo en el México de nuestros días y desde que se establecieron los corruptos partidos políticos, no sólo nos esquilan, sino que todos nos explotan de cualquier modo que les represente ganancias y beneficios mezquinos, incluso a costa de la vida misma de los rebaños, -en este caso ciudadanos- muchos de los cuales (millones), se mantienen en los límites de la desnutrición y la pobreza extrema, y eso no se vale, no deberíamos permitir ser tan “dirigidos, explotados y tontejos”, francamente.
Otra posible razón de la “sinrazón”, es que en el fondo del corazón y de los sentimientos de muchos millones de mexicanos, existe algo así como la “esperanza” acompañada del ferviente deseo de que las cosas cambien alguna vez, sobre todo cuando partidos o partidarios se dan a vociferar frases gastadas, como aquellas de: “ya basta de diferencias, por un México con igualdad de oportunidades, por un futuro más justo, para acabar con la impunidad, porque ante la ley todos somos iguales, porque debemos salvar a México, para que todos coman tres veces al día, por una educación gratuita aunque sea mediocre, etc., etc., y mil veces etcétera” frases que nunca han pasado de ser mera demagogia (Demagogia: práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular, o degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder Demagogia cuya resultante ha sido al final un desencanto, además de un decepcionante y muy conocido cansancio y hartazgo, ya que sin importar que se autoproclamen pseudosocialistas, pseudoizquierdosos, pseudoverdeecologistas, pseudoderechistas y hasta neonazisyunquistas, resulta que todos son iguales, sin excepción alguna, y esto lo han demostrado y nos lo han restregado en la narices.
Faltaría y nada más para completar a los desorientados votantes, aquellos que en verdad no tienen memoria, y que creen que de repente los rateros, abigeos y saqueadores del país, se han convertido y transformado por obra y gracia de algún dios, en hombres probos, decentes y honorables, o en damiselas tiernas, dulces y generosas al estilo de la madre “Teresa de Calcuta”, y que ahora sí están (los políticos/as) preocupados por un México mejor, y libre de dirigentes de doble moral.
En fin, veamos entonces que deberemos reconsiderar nuestra participación, sobre todo la de los que amamos a nuestro querido México, pero sin andar haciéndole al “tío lolo”, para que por lo menos se pueda correr la voz entre los votantes tontos o inteligentes, esperanzadores o realistas, para que llegado el momento de tachar a cualquier candidato, prolongar el tache y tacharlos a todos, y esto tan sólo como una muestra de rechazo a toda esta clase de políticos descompuestos, y que Zeus, Jesús de Veracruz, Odín, Buda, Alá, Poseidón, Tescatlipoca, Amón y el marica del Plutón, nos agarren confesados, por lo menos hasta que aparezca un líder medianamente honesto, no demagogo y sin cola que le pisen, para poder tener un poco de esperanza en el cambio que urge, porque de seguir así y en este mundo tan ferozmente globalizado, nos estamos condenando al auto-exterminio. Y… ¿por qué?, pues porque cada vez somos más señalados como un país inseguro, inestable y de alto riesgo para inversionistas, además de corrupto en todo, acostumbrado a “mordidas” y arreglos en lo oscurito al estilo de los más connotados panistas, además de invadidos por el florecimiento del narcotráfico, y sus variantes de transporte, venta y otras formas auspiciadas y protegidas por militares y políticos de negro pasado, pero reciclados.
Por cierto que deberíamos de exigir que los candidatos a cualquier cosa, aporten de sus bolsillos sus ansias de gobernarnos, y que arriesguen aunque sea un poco de lo mucho que han robado, pues quien quita y así logremos recuperar un poco de aquellos dineros que mañosamente se han apropiado.
Y usted amable conciudadano, piense un poco, y ejerza su voto, sin tener necesariamente que elegir a uno u otro, porque finalmente los actuales políticos, están hechos de lo mismo, esto es, polvos y lodos de corrupción, emanados de las peores cloacas infectas, que dan cabida a los llamados animales (políticos) tan repugnantes.
Recordemos el pensamiento del viejo filósofo René Descartes que defendió aquello de de que la única cosa que nos hace humanos y nos distingue de los animales (inferiores o políticos) es el sabernos poseedores del juicio y de la razón, así que piense, analice, participe y manifieste sus inconformidades, porque si no es así y de este modo, entonces después no ande haciéndole al insurgente inconforme, que sólo encuentra alivio con recordarles a la progenitora. ¡Ah, pero eso sí!, mentárselas, pero con voces sosiegas, que nomás se manifiestan entre cuates. Así que por lo pronto pase la voz y vote, (valga la paradoja) sin votar, para que después no lo boten como pelota.
Y perdone que insista, nada más no les crea, más ahora que les ha dado por salir disfrazados de ciudadanos preocupados por la niñez mexicana, capaces de dialogar y despertar una sonrisa en un niño, o tratando de aparentar que no existirán más diferencias entre pastores y borregos, lo que equivale a decir, entre ricos, poderosos y corruptos por un lado, y por el otro lado los pobres, indefensos y muertos de hambre. Total al fin y al cabo nadie se puede dar cuenta en el momento de ejercer su voto, ya que estamos protegidos por la casilla electoral y sus inexpugnables cortinas de hule. Así que no le saquen y manifiéstense, pero pensando en las consecuencias de sus actos. ¡He dicho… y seguiré diciendo!, en esta tierra de indios alimentados del maíz y del frijol, versus los que tienen un paladar de naco, pero que gustan degustar delicatesen y vinos finos, en vez de pulque, agua con sabor a barro, y su cocota. Alfonso Valdivia Medina. Medico mexicano, que… y sin embargo se mueve, y se seguirá moviendo, mientras la huesuda no lo adicione al partido de muertos, putrefactos y anexas. (Cébala y císcala, diablo panzón). * Médico mexicano.