LA ACCIÓN CIUDADANA EN EL NUEVO PACTO SOCIAL
Víctor Manuel Barceló R. *
El Rector de la UNAM fue claro en el análisis de las condiciones actuales del país. Dijo el Dr. José Narro, que, ante la situación económica es preocupante que se propicie más el enfrentamiento que las soluciones. Está en juego el destino de la nación y el porvenir de las futuras generaciones. En eventos, previos y posteriores, académicos y profesionistas, presentamos posibles acciones, respecto a la crisis sistémica de la nación. Por doquier se levantan reclamos frente a la realidad, lacerante para la vida de la mayoría de la población.
La sociedad civil parece despertar de su marasmo y se propone ver, oír y hacer propuestas, nacidas de sus inquietudes por el México del presente y la proyección del futuro en que vivirán hijos y nietos, por ahora nada halagüeño. Las interrogantes y respuestas a: qué pasa y qué hacer, referidas a la nación, son diversas y sesudas. Surgen hipótesis, análisis, criterios, que marcan culpables y los encasillan. Las apreciaciones internacionales del problema se suman a lo mismo y nos muestran un panorama desolador, el peor del Continente, al menos.
¿No es acaso el momento de ir al paso siguiente, que no es otro que construir la unidad de todos, “en lo esencial” como se ha dicho siempre?. Que todos los lastimados –la inmensa mayoría del pueblo- y los que podamos aportar ideas y propuestas concretas de acción, tengamos un marco luminoso, previo, sobre el cual construir una nueva utopía nacional. Un sueño que impulse a un futuro de bienestar. Para ello contamos, con más de cien millones de mexicanos.
Gozamos de una extraordinaria biodiversidad; requerimos pautas para convivir con ella, en condiciones del mayor bienestar posible. Somos nación de enormes riquezas naturales, que siguen la suerte, que el poeta definió para el petróleo, al señalar que nos “lo escrituró el diablo”. La avaricia con que desde el exterior, se persigue el control: del territorio –hasta cercenarlo en más de la mitad- minerales -dejando enormes socavones debajo de la tierra por su brutal explotación- petróleo –rescatado con dolor y sangre, aún nuestro- y los productos de la tierra –agricultura especializada, que se lleva la sabia de nuestras plantaciones para alimentar, bien y mejor, a los ricos del Planeta-.
Ahora la avidez transnacional está concentrada –sin bajar la guardia en el control de lo señalado- en nuestra agua dulce, de la que gobiernos vergonzantes concesionan ríos y otros cuerpos de agua, para ser usados en la fabricación de “aguas negras” insalubres y otros usos comerciales. La tendencia es imparable, harán todo lo necesario para llevarse nuestro preciado líquido, ahora utilizado internamente, en destinos contrarios a su aprovechamiento óptimo para la vida.
Toda esa riqueza, bien utilizada, con total respeto a la vida planetaria, debe ser meta del nuevo Pacto Social. El mayor reto es ir a un sistema de vida –que incluye todos los procesos económicos, políticos y sociales- rescatando, para el bienestar generalizado, todos y cada uno de los recursos naturales con que se cuenta en el territorio nacional. Se lo debemos a nuestro pueblo. Los ancestros murieron por ellos.
No es necesario un profundo análisis de la historia patria, para corroborar que, salvo un lapso de entre 40 y 50 años del siglo XX –como producto de la Revolución Mexicana- las personas que habitan pueblos y comunidades, pero también la periferia de nuestras ciudades y cabeceras municipales, no han sentido un impulso serio y programado para mejorar sus condiciones generales de existencia.
En tiempos de las grandes culturas –que nos enorgullecen nacional e internacionalmente- el pueblo vivía en semiesclavitud y con ese carácter, colaboró en la construcción de las monumentales ciudades religioso-militares, en que se plasmó, mediante una escenografía del poder vigente, la interpretación del cosmos y el despliegue de símbolos que legitimaban y ensalzaban al gobernante en turno y a la dinastía en proceso. De programas para bienestar generalizado, no hay vestigios.
Ocurre algo similar en la Colonia. Allí los peninsulares –españoles conquistadores- se repartieron las heredades nativas, junto con quienes las habitaban. Estos, incluso, no fueron considerados seres humanos –por bula papal- para justificar la creación de la encomienda y la sobre explotación, que por más de 300 años, fue objeto el nativo.
La vida independiente –siglo XIX- no dio tiempo a conformar políticas de bienestar generalizado –se daban en lugares muy señalados del Planeta- por la convulsión política constante que se vivió, entre conservadores y liberales. Esta se resolvió, después de dos intervenciones extranjeras. Partió el territorio, la primera, en 1847-48, mediante invasión del imperio. Impidió pronta construcción de la república, la segunda, hasta ser expulsado el invasor francés, por un ejército popular, con Juárez a la cabeza. El pueblo siguió en la miseria.
El porfiriato –tres décadas, de fines del siglo XIX y principios del XX- volvió a sumir en la semiesclavitud a los pueblos, con la “tienda de raya” que devoraba economías e hipotecaba presente y futuro de las familias. De ahí surge la Revolución Mexicana, evento armado que costó millones de vidas, para ofrecer menos de medio siglo de empeños por el bienestar poblacional, como ya anotamos. ¿Cuál es la meta actual?.
Es sintomático que toda esta movilización social se de, exactamente a cien y doscientos años de los grandes eventos: de liberación, uno y de rescate de la dignidad social, el segundo. ¿Quiere decir que solo la lucha armada puede cambiar las cosas?. Hay ensayos, en diversos rumbos del Planeta, que muestran lo contrario. Pero requirieron una gran sensibilidad social, como hemos dicho en ocasiones anteriores.
La sangre derramada de los mexicanos, fue parte aguas de una etapa a otra. Permitió que dejáramos de ser colonia. Abrió la compuerta al rescate de nuestros recursos nacionales y, mientras se siguió una línea de aprovechamiento de los mismos para el mercado interno, se mejoró la forma de vida de todos, mediante: escuelas por todos los rumbos, medicina social que abarcaba a casi toda la población. Se crearon fuentes de trabajo en el campo, que florecieron orgullosas por varias décadas. Se desarrolló la pequeña y mediana empresas que son, desde entonces, las fuentes primordiales de empleo en el país.
Pero eso entró en deterioro. La injerencia de políticas, traídas por los “Chicago boy” nativos, e incrustadas en el quehacer cotidiano del poder público, rompió moldes del crecimiento económico, alteró relaciones de producción pactadas –en que la economía mixta estaba actuante- entregando al poder transnacional, rubros y empresas más consolidadas. El mercado interno fue cooptado por capital foráneo.
A ello debe dar respuesta un nuevo Pacto Social. A eso convocamos en el Parlamento Nacional Ciudadano. Debemos unir fuerzas, realizar una amplia y constructiva consulta nacional ciudadana. Escuchar de viva voz, las dolencias sociales –aunque ya las conozcamos o vivamos en carne propia- es sano, para reconciliarnos en un gran acuerdo nacional, en torno a lo que, en dos eventos sangrientos, el pueblo buscó afanosamente: el bienestar presente y futuro para todos. Hagámoslo…y pronto, antes de que el ciclo del destino nos alcance.
* Profesor y Licenciado en Economía. Se ha desempeñado en el Servicio Exterior, el Gobierno del Distrito Federal, la Secretaría de Gobernación y el Gobierno del Estado de Tabasco, entre otras responsabilidades.