México


FRIDA KAHLO Y SU PACIFISMO NAZI


Rafael Mendoza Toro *

Hace setenta años, el 1º de septiembre para ser más precisos, empezó oficialmente la segunda guerra mundial al invadir las divisiones de Hitler a Polonia, concluyendo con esta acción el afán “pacificador” de algunos gobiernos europeos como los de Inglaterra y Francia, quienes con tal de apaciguar a la Alemania hitleriana habían consentido en entregarle territorios y hasta naciones enteras como Checoeslovaquia a manera de recompensa por no desencadenar la guerra. El inicio de los combates seguidos del exterminio sistemático de la población por las tropas nazis, empero no marcó el término del pacifismo, pues en México sin ir más lejos, la pintora Frida Kahlo seguida por su cohorte de eunucos, seguían marchando vestidos de blanco clamando por una espuria “paz” mundial, llenando las calles de la ciudad de México de banderas blancas y rojas con la hoz y el martillo, insólitamente codo con codo con organizaciones fascistas pro-nazi como los “camisas doradas”, mismas que hasta hacía pocos meses habían hecho profesión de fe el combate violento al comunismo ateo. Tamaña incongruencia de la Santa Madona de la plástica nacional, escrupulosamente expurgada de su biografía, no lo es tanto si reconocemos su trayectoria política e ideológica y, sobre todo, el papel de Stalin en ese periodo de la historia.

Frida Kahlo, antes de ascender a los cielos y ser coronada como Madre de toda la izquierda nacional (incluyendo aquella que ni izquierda es) no dio en vida señales de identidad política, además de pintar unas pocas hoces y martillos en espacios muertos de sus cuadros, más allá de su incondicional subordinación a Diego Rivera y a todas las veleidades ideológicas de éste. De esta manera Frida, al mismo tiempo que abrazaba el colosal vientre de Diego, lo hacia de cuanta causa éste decidiera; empezando de militante del Partido Comunista en 1929 al casarse, siguiéndolo al trotskismo pocos años después para retornar al seno del PC devenido en plenamente estalinista en donde moriría en olor de santidad revolucionaria. Los devaneos de Diego eran hasta cierto punto lógicos, pues iniciando su militancia en los años posteriores a la muerte de Lenin, titubea antes los dos grandes lideres que compiten por la preeminencia en el comunismo internacional, optando temporalmente por el derrotado León Trosky, seducido por su inteligencia, dialéctica y mayor perspectiva política e histórica, al punto de apoyarlo para encontrar refugio en México ante la persecución del vencedor Stalin y sus sicarios. Frida consecuentemente, sigue a Diego al trotskismo y, según dicen, encuentra mayores coincidencias con el profeta desterrado, aunque no todas fueron ideológicas.

El asesinato de Trosky marca el fin de la infatuación de Diego, quien humilde y contrito regresa a las filas del autentico representante mundial de proletariado: el Partido Comunista reconociendo en Stalin su único profeta, abriendo además los ojos antes los crímenes de Trosky y seguidores contra la revolución soviética, crímenes de tal magnitud que hacían que la muerte fuera castigo menor. Frida por supuesto, torna también al comunismo estalinista y como mejor prueba de contrición dedicará su disciplina absoluta a sus dictados, además de parte de sus entonces ya grandes ganancias. Nada pudo variar su convicción, ni el anuncio periódico del descubrimiento que otro jefe bolchevique era en realidad un traidor, los trascendidos sobre nuevas purgas en la URSS ni las evidencias de la traición de Stalin a la República Española. En medio de su connotada trayectoria revolucionaria en 1938 Frida y sus discípulos salen a la calle a pregonar la paz y la coexistencia mundial entre todos los países del mundo, especialmente con Hitler y la Alemania nazi, denunciando de paso a los militaristas que veían en ésta una amenaza inminente; por el contrario los pacifistas clamaban y testimoniaban la incólume vocación hitleriana por la paz. Después de tanta pose ¿se había vuelto loca nuestra Pasionaria? ¿O Diego había descubierto finalmente la verdad en el nacional-socialismo? La respuesta es históricamente terrenal y vergonzosa.

En la primavera de 1938, contra toda lógica y expectativas, Hitler y Stalin firman un pacto de paz y no agresión, el Ribbentrop-Molotov, que derrumba todas las presunciones de las potencias occidentales. Hasta ese momento, aunque temido, Hitler era tolerado por las democracias occidentales pues se le consideraba la más importante línea de defensa contra el comunismo y la Rusia soviética, consideración demostrada en el exterminio sistemático de los comunistas y sindicalistas alemanes; el pacto empero, autentica carta de amor entre supuestos antípodas políticos, modifica todo cálculo de geopolítica dejando la incógnita sobre a que lado atacará Hitler primero. El pacto, según se supo después, contenía también sus clausulas secretas, muestras de la intrínseca perfidia de Hitler pero igualmente del pragmatismo perverso de Stalin, en teoría el bueno de la película; en éstas se pactaba un reparto del botín territorial de la futura guerra, recibiendo la Unión Soviética control directo e influencias sobre porciones de los países ocupados por Alemania además de beneplácito para sus propias maniobras expansionistas. Así, después que Polonia y Hungría son ocupadas por los nazis, el Ejercito Rojo avanza sobre Letonia, Estonia y Lituania. Finalmente, el pacto contenía un plus: las organizaciones comunistas mundiales controladas por Stalin a partir de la Tercera Internacional, devendrían en movimiento pacifista en los países occidentales, autenticas quinta-columnas para estorbar y complicar el re armamiento de éstos ante la inminente guerra. Es esta instrucción general la que toca a Frida organizar en México y a la que dedicará parte de sus esfuerzos.

La disyuntiva entre la disciplina o la inteligencia ha sido una cuestión frecuentemente planteada entre intelectuales que optan por la militancia política de cualquier color: obedecer ciegamente a nombre del ideal superior o cuestionar las razones de la instrucción. Frida debía conocer, pues existían denuncias, el exterminio sistemático que había hecho el régimen nazi de militantes comunistas, sindicalistas y en general cuanta organización de izquierda resistiera en Alemania, lo mismo que los crímenes cometidos en los países invadidos; aunque fuera auténticamente pacifista, la paz con Hitler no era posible y sí una forma de complicidad. Para Stalin el exterminio de unos miles de comunistas parecía un costo menor ante lo que consideraba “objetivos superiores”, pero para un intelectual era una traición a las ideas que decía defender; por esto mismo José Revueltas había renunciado al Partido Comunista y denunciado su subordinación a Stalin. Con todo Frida no estaba sola en esta vergüenza: en los Estados Unidos, en el movimiento por la paz se unían artistas de Hollywood como Humphrey Bogart o escritores como John Dos Pasos, junto los tradicionales aislacionistas que clamaban que todo ocurría muy lejos, sin faltar por supuesto organizaciones pro nazi; logrando entorpecer entre todos los programas de ayuda de Roosevelt a los países europeos en lucha contra los nazis.

Rememorar este bochornoso incidente de la vida política del mayor icono consagrado de la plástica nacional es en el fondo tarea inútil, la construcción mercadológica de su imagen de hecho inicia con la decisión de Diego de vestir a Frida con ropa “étnica” y darle un giro nacionalista a sus primeras obras de corte surrealista; continuó con su medido protagonismo, siempre presumiendo su compromiso pero sin llegar nunca a sus últimas consecuencia; los gobiernos mexicanos podrían perseguir y asesinar comunistas pero nunca negaron un muro y contratos a sus superestrellas. Para cerrar el ciclo: los galeristas norteamericanos un día la descubrieron y la que fue una pintora mediana con algunos cuadros buenos, ha terminado siendo el mayor éxito en ventas y ni el propio Diego cotiza a sus niveles… contra la historia, muchas veces triunfan las fabulas, aptas sobre todo para dormir niños.

* Nació en el DF en 1952, reside en Aguascalientes desde 1992. Medico cirujano por la UNAM, sin ejercicio lucrativo de la profesión. Desempeñó diversos encargos en la Administración Pública Federal, principalmente en el INEGI y la Secretaria de Programación y Presupuesto. Investigador de los determinantes económicos y sociales en la salud, colaboró en el proyecto “Salud Enfermedad y Muerte en los Altos de Chiapas” en el Centro de Investigaciones Ecológicas del Sureste, y en la investigación publicada en la serie “Necesidades Esenciales: Salud, situación actual y panorama al año 2000”, por la Presidencia de la República y la Ed. Siglo XXI, en 1983.

Militante de la izquierda desde 1968; fue Secretario de Formación Política del Comité Estatal del PRD de 1997 al año 2000. Analista sobre temas políticos y sociales en diversos medios locales, como las revistas Crisol y Tiempo de Aguascalientes y los diarios El Sol del Centro, Página 24 y Aguas; escribe para el suplemento Contextos del diario de circulación nacional Milenio desde el año 2001. Fue coordinador del libro: “Alternancia y transición democrática, la experiencia de Aguascalientes”, editado en el año 2005 por el Senado de la Republica y la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

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