INVOLUCIÓN
En la visión freudiana del ser humano -adoptada de manera explícita o implícita por la mayoría de los estudiosos de la materia y magistralmente plasmada en la colección de 5 tomos “caminos del desarrollo psicológico” coordinada por Eduardo Dallal Castillo- éste evoluciona a lo largo de etapas en las que se entretejen, capacidades, modos de personalidad y experiencias diversas para permitir, o no, avanzar hacia nuevas metas.
Mucho se ha hablado, e incluso escrito, acerca de la inmadurez de casi todos lo pueblos latinoamericanos, y para el 15 de septiembre mexicano, es notable el estancamiento colectivo, en esa mitología de la niñez que espera de los adultos –o sus modelos permanentes, en este caso, el presidente, los diputados y todos los miembros del aparato gubernamental disfuncionales que padecemos- la estabilidad, protección y guía que les permita seguir jugando y, aparentar que aprenden y crecen.
Desafortunadamente estos modelos institucionales, tampoco parecen haber alcanzado la edad adulta y mucho menos visualizan la posibilidad de “desandar lo andado”, luego de comprender su propia experiencia de “allá” y entonces” para formular opciones en el “aquí y ahora”. Salvo honrosísimas excepciones, que por esta misma razón no son tomadas en cuenta y terminan por zozobrar en la densa nata de mediocridad que nos agobia, la gran mayoría de los líderes visibles parecen atorados en una adolescencia no resuelta empeñada en el cuestionamiento de reglas, la oposición a todo, el narcisismo extremo, las explosiones violentas y la experimentación continua, de manera muy específica de lo prohibido (alcohol, drogas, sexo desenfrenado, reto y agresión al otro etc.) y de lo no estudiado ni aprendido.
Hoy en la noche, millones de personas gritarán ¡Viva México! Los más osados saldrán a las plazas sin importar el riesgo de ser violentados por una delincuencia que se califica “organizada” y que pueden despojarle de sus bienes o molestarle física y sexualmente. Los afectados por diversas patologías ahogarán sus temores con diversas sustancias, reirán sin felicidad, maldecirán si reflexión, imaginarán que algún día les tocará “estar arriba” para tomar venganza. Los “prudentes” verán el grito por la “Tele” para no arriesgarse dicen, sin percatarse de su entrega incondicional a la influencia de los guiones escritos por una oligarquía manipuladora y, otros más, se evadirán en los centros vacacionales.
Muy pocos conocen a ciencia cierta quienes fueron esos “héroes que nos dieron patria”, menos aún saben que en 1910, al inaugurar la columna de la independencia, Porfirio Díaz celebraba su octagésimo aniversario, en tanto que Ricardo Flores Magón estaba cumpliendo 36 años. Mucho menos tendrán presente los actos de represión, que en el mismo momento de las fiestas patrias el gobierno de entonces realizaba: Madero estaba preso en San Luís Potosí, el 11 de septiembre Díaz había colocado la primera piedra de la estatua a Jorge Washington, reconociendo la obra de los empresarios norteamericanos, al tiempo que los dirigentes de agrupaciones sindicales, que cantaban el himno nacional en las calles de reforma, eran agredidos por el coronel Ramón Castro Jefe de la gendarmería montada. Los hombres, mujeres y niños encarcelados, fueron acusados de sedición y ultrajes a funcionarios públicos, que sin despeinarse, concluyeron su evento en el crucero de Londres y Dinamarca, con Herny Lane Wilson, embajador norteamericano, como orador principal. Estos personajes dieron fin a la jornada con una función de gala en el teatro Abreu, mientras los consignados, con esa celeridad que muchos denunciantes esperaríamos hoy, de los ministerios públicos actuales, pasaron la noche y varios días después en la cárcel de Belén.
¿Sabía Usted que el 15 de septiembre, pero de 1821, las repúblicas de El Salvador, Costa Rica, Guatemala, Nicaragua y Honduras daban su propio grito, animados por los sucesos de 1810 y hartos de la asfixia de la capitanía general que les sometía al virreinato de La Nueva España? ¿Conoce los detalles tratados en las reuniones convocadas en el Congreso Centroamericano, por Gabino Gainza, último gobernador de la Capitanía guatemalteca, al convocar a una junta de notables que declaró la independencia? ¿Ha estudiado la postura de los chiapanecos, hoy demandantes de autonomías locales, en ese Congreso? ¿Tiene algún referente acerca de la ubicación del Teatro Santa Anna, en el cual un día como hoy, pero de 1854, se cantó por primera vez el himno nacional? Ese himno nacional que repetimos, sin reflexionar en el hecho de que hemos involucionado, casi al nivel de impúberes y al punto de no tener patria, ni nación alguna que se precie de ser independiente.
* Comunicóloga.