América Latina


MANUAL DE TURISMO REVOLUCIONARIO


Rafael Mendoza Toro *

Después de la muerte de Raúl Reyes, segundo de a bordo de la FARC, en una incursión del ejército colombiano en territorio ecuatoriano, la atención mediática se centró en los primeros momentos en la reacción de Ecuador, agraviado en su soberanía y por supuesto en la desproporcionada y sobreactuada respuesta de parte de Hugo Chávez, dispuesto lo mismo a considerar “prócer” al guerrillero muerto que amenazar a Colombia con represalias cerrando su frontera pa empezar; sin embargo en México ha ido ganando espacios y relevancia la presencia de una joven mexicana herida en la escaramuza, posteriormente conociéndose la existencia de un mayor numero de paisanos en el campamento, presuntamente hasta diez, todos muertos en el bombardeo. A partir de este hecho, se han tejido múltiples especulaciones sobre que hacían los mexicanos en ese campamento, desde una investigación de campo hasta recibir entrenamiento guerrillero para tornar a México a derrocar al espurio e instaurar el socialismo bolivariano. En consecuencia, ejerciendo mi derecho a la especulación, sustentaré que simplemente hacían turismo revolucionario, actividad casi tan licita como otras.

El turismo como tal, o sea el viajar por simple gusto, sólo se desarrolló hasta el siglo XX, cuando coincidieron las mejoras en los medios de transporte con el crecimiento de ingresos de nuevas capas de la sociedad. Antes de esto, sólo millonarios excéntricos como Humboldt se daban el lujo de recorrer el mundo a un alto costo y riesgo, gran diferencia con simplemente tomar un Flecha Roja y llegar empolvados horas después a Acapulco. Con el fin de siglo, surgieron también los turismos “temáticos” especializados, como son las variantes mochilera, ecológica, cultural, gastronómica y hasta sexual; entre estas, el turismo revolucionario ha ocupado un pequeño nicho de mercado, pero no por eso es desdeñable.

Tal vez el primer turista revolucionario fue John Reed, periodista norteamericano que recorrió México y Rusia en medio de sus procesos revolucionarios, expresando sus experiencias en sendos libros, que al menos en el caso mexicano me queda la duda si comprendió lo que vio. Empero, fue con la revolución triunfante y transmutación en URSS que realmente el turismo revolucionario se institucionalizó, organizándose tours para contemplar las maravillas de un país gobernado “por sus trabajadores” (eufemismo cruel).

El flujo turístico era con todo escaso, la URSS estaba muy lejos y de pilón hacia mucho frío, situación que cambia radicalmente con el triunfo de Fidel Castro y los barbudos en Cuba: la revolución aquí cerca y mejor aun, con un excelente clima; el turismo revolucionario entonces vivió sus mejores momentos.

Cabría añadir que para que el turista sea realmente revolucionario debe compartir el credo de la revolución visitada, distinguiéndose así del mero paseante en busca de jineteras cubanas de buen precio. Esta identificación podía, llegado el caso, llevar al turista a aventuras extremas, como expediciones revolucionarias para liberar a Angola o Bolivia, donde a más del exotismo del paisaje, se vivía la excitación de estar cambiando el mundo, aunque eso si, los riesgos eran altos y con frecuencia el paseante nunca usaba su boleto de regreso. Con el paso del tiempo, el turismo revolucionario extremo se fue olvidando, al menos en su versión marxista, pues el fundamentalista musulmán sigue vigente con rumbo a Pakistán y Afganistán, entre otros destinos.

En México, imaginativos como somos, desarrollamos en los últimos años una versión Light del turismo revolucionario: el viaje a la zona liberada zapatista, que otorgaba toda la emoción de compartir un autentico campamento guerrillero, incluyendo visión lejana del mítico subcomandante, sufriendo sólo incomodidades menores y, sobre todo, sin ningún riesgo, pues más peligroso es salir de reventón en Tijuana, por ejemplo. Otras opciones, empero no fueron tan exitosas, como fue el apoyo a los comuneros de Atenco, donde la represión se desató y los descalabrados abundaron; incluso un grupo de universitarios norteamericanos traídos por su maestro a conocer una revolución tercermundista de cerca, fueron finalmente expulsados del país después de haber desfilado blandiendo el machete, como todo atenquista respetable.

Ante el éxito de estas experiencias, algún audaz emprendedor decidió ampliar la oferta, retornando los viajes a la nueva revolución del siglo XXI: el socialismo bolivariano venezolano, teniendo aparte la ventaja que el anfitrión pagaba casi todos los gastos, hecho contra el que Cuba no puede ya competir. Siendo gratis, no importaba la poca calidad de la revolución bolivariana, que no resiste el menor análisis histórico de corte marxista, pues para empezar ya nadie estudia a Marx, siendo sustituido por el único criterio de pureza revolucionario vigente: el simple antiyanquismo, si es contra los gringos, es bueno y revolucionario.

Viajando por Chávez-tours, se podían conocer también otras experiencias de gobierno, como son los de Ecuador, Bolivia y Nicaragua, todos coincidentes en la retórica antiyanqui y la dependencia de los dólares venezolanos. Hubo con todo un error de cálculo al incorporar a los tours a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, aunque no por sus cuestionables credenciales “revolucionarias” al ser en los hechos un ejército privado dedicado al narcotráfico, el secuestro y otras actividades igualmente lucrativas, sino por estar activa su beligerancia contra el gobierno colombiano, o estar todavía en el callejón de los cocolazos.

Según se va conociendo conforme se filtra la información, la primera parte del tour incluyo “congreso académico bolivariano” en Ecuador, pasando de la teoría a la practica al posteriormente viajar a un campamento guerrillero en la frontera con Colombia. En los viejos tiempos llegar a un campamento clandestino implicaba alto riesgo y movilizaciones complicadas para ocultar el destino final, que no fue este el caso, pues el gobierno ecuatoriano ha ganado experiencia no viendo lo que no le conviene, en este caso una comandancia de las FARC en su territorio.

Cualesquiera fueran los planes de los turistas revolucionarios: estudiar a la más antigua fuerza guerrillera de América, vivir la experiencia, unirse a ella o entrenarse para tornar a México y replicar lo aprendido, todo se frustró ante el bombardeo colombiano, complicando de paso el futuro del turismo revolucionario, pues mal negocio es cuando el cliente retorna en pijama de madera. Lo peor será cuando finalmente se investiguen los vínculos de la revolución chavista y las FARC con sus apoyos mexicanos y cancelen eso viajes; en plena crisis se estará eliminando una rama productiva, el turismo revolucionario.

* Nació en el DF en 1952, reside en Aguascalientes desde 1992. Medico cirujano por la UNAM, sin ejercicio lucrativo de la profesión. Desempeñó diversos encargos en la Administración Pública Federal, principalmente en el INEGI y la Secretaria de Programación y Presupuesto. Investigador de los determinantes económicos y sociales en la salud, colaboró en el proyecto “Salud Enfermedad y Muerte en los Altos de Chiapas” en el Centro de Investigaciones Ecológicas del Sureste, y en la investigación publicada en la serie “Necesidades Esenciales: Salud, situación actual y panorama al año 2000”, por la Presidencia de la República y la Ed. Siglo XXI, en 1983.

Militante de la izquierda desde 1968; fue Secretario de Formación Política del Comité Estatal del PRD de 1997 al año 2000. Analista sobre temas políticos y sociales en diversos medios locales, como las revistas Crisol y Tiempo de Aguascalientes y los diarios El Sol del Centro, Página 24 y Aguas; escribe para el suplemento Contextos del diario de circulación nacional Milenio desde el año 2001. Fue coordinador del libro: “Alternancia y transición democrática, la experiencia de Aguascalientes”, editado en el año 2005 por el Senado de la Republica y la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

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