Mundo global


SÍNDROME DE DECADENCIA


Lilia Cisneros Luján *

Desde Sócrates hasta Erich Fromm, la elección entre: el amor a la vida, la independencia y la superación del narcisismo –síndrome de crecimiento- y el culto a la muerte, la simbiosis incestuosa y el narcisismo maligno –síndrome de decadencia- es un reto permanente. De cuando en cuando en cuando el síndrome de decadencia se impone colectivamente, porque a los líderes sociales les es más fácil iniciar una guerra que poner la voluntad y el corazón para la construcción de un mundo mejor, que quizá les resulta utópico.

El enorme riesgo de muerte es decretado por los gobiernos de las superpotencias, entre muchas otras razones, porque prevalece el odio inspirado en un narcisismo suicida. En este contexto, las guerras no solo son bélicas, sino de mercado, de competencias individuales, y de pugnas ideológicas. La autocrítica está ausente entre contendientes políticos incapaces de admitir que, por sus campañas agresivas y manipuladoras, basadas en la denostación del otro y la promoción del miedo, al final del camino serán juzgados por los votantes. Las taras para trascender la naturaleza animal, usando la auto-conciencia, razón e imaginación, están en el trasfondo del ataque de un colaborador que opta por la demanda injustificada, antes de admitir que su conducta irresponsable –por no cumplir con los compromisos contraídos que le obligan a respetar: horarios, propiedad de la empresa -no concebida para ser proveedora de las necesidades particulares y cuya disposición es un vil robo- o espacios de trabajo -utilizados para la sexualidad oculta y no para el fin mismo del convenio- ha sido la causa directa de la pérdida de confianza del amigo o la organización que le había invitado a ser parte del grupo.

La autocrítica no implica claudicación, como tampoco la prudencia es signo de debilidad. Una oposición bien intencionada supone, poner por encima de los apetitos propios, la conservación del orden público y concomitante a ello el cese de las hostilidades. A la larga, la sociedad termina rechazando a quien restringe su posibilidad de expresarse sin temor a represalias. Quizá por ello y ante una actitud agresiva y ofensiva de parte del candidato republicano en los Estados Unidos, la población se atreve a rechazar la guerra, denunciando situaciones irregulares como el espionaje del que eran objeto los periodistas alojados en el hotel Palestina de Bagdad, según declaró la ex sargento de Inteligencia Militar Adrienne Kinne. Aun cuando no ha sido un secreto el lucro de empresas estadounidenses con motivo de la guerra de Irak, los efectos del miedo empiezan a superarse ante la expectativa, quizá utópica, de cambiar el síndrome de decadencia por el de crecimiento. En este contexto, el Comité de Supervisión de la Cámara norteamericana de representantes, admite que la contratista petrolera International Oil Trading Company, ha ganado decenas de millones de dólares en los últimos cuatro años, al cobrar en exceso por llevar combustibles a bases estadounidenses en Irak. Para el candidato republicano es un gran lastre que el dueño de dicha empresa -Harry Sargeant- sea, nada más ni nada menos, que el presidente de su partido en Florida y un importante recaudador de fondos del senador John McCain.

Para garantizar la hegemonía de mercado, las empresas transnacionales, ocupan buena parte de sus utilidades en promover gobiernos que no estorben su visión eminentemente mercantilista. Concepción ésta, que ha transformado al hombre moderno en artículo –Erich Fromm señaló que la persona orienta su energía vital invirtiendo en sí mismo para obtener el máximo beneficio y mejorar su posición en el mercado de la personalidad- la más de las veces desechable. Este monstruo del neoliberalismo, trabaja demasiado, crea medios de transporte para “ahorrar tiempo” aunque ello sea en detrimento del ecosistema, consume comida rápida, está impedido para mirar en su interior, ha reducido al mínimo su capacidad creativa –con solo presionar un botón: del micro, la estufa, la llave etc., tiene fuego, agua, ropa lavada o clima idóneo- y desarrollado diversas neurosis –depresión, bipolaridad, hipocondria, paranoia- que le restan sentido a la vida misma y lo convierten en un ente enajenado.

La elección del próximo 4 de noviembre, no será entre un individuo de raza blanca y otro de piel más pigmentada. Tampoco supone haber encontrado al mago que habrá de resolver la crisis de las bolsas de valores del mundo. Mucho menos implica que de tajo serán exterminados los proclives a sojuzgar por la fuerza de las armas, ni a los comerciantes de la guerra. El ejercicio electoral de los estadounidenses es, hoy más que nunca, la oportunidad de optar entre un mundo irracional y decadente o una humanidad sin temor a expresarse y con la certeza de que todos podemos ser incluidos en el desarrollo.

* Comunicóloga.

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