América Latina


ABORTÓ EL ALCA


Lilia Cisneros Luján *

En el infinito de las posibilidades, reconocer la diversidad -cultural, política, ideológica, religiosa, histórica- sería quizá el logro más importante de la IV cumbre de las Américas; y es que más allá de la euforia de los eternamente marginados por haber impedido la aprobación del ALCA, se espera que los países ricos asuman la realidad expresada por Kirshner: "Un acuerdo de libre comercio no puede ser un camino de prosperidad de una sola vía. Hay que tener en cuenta las asimetrías, los distintos niveles de desarrollo de los países del hemisferio". Y sí, conceptos similares se argumentaron en México a propósito del TLC; pero quizá la cercanía geográfica, tal vez la influencia universitaria sajona en quienes tomaban las decisiones o ¿por qué no? los intereses inconfesables, sucumbieron al argumento todavía hoy en boca de Paul Martin, primer ministro de Canadá: "Un comercio más libre permite que más gente pueda salir de la pobreza" (¡¿?!). Pero ésto no es real y México es un ejemplo irrefutable: la indigencia, la ruina del campo, la pérdida de soberanía alimentaria, energética y financiera del país, y hasta la disminución de la planta productiva, han demostrado lo erróneo de la tesis sustentada en que la liberalización comercial en América no tendría como objetivo crear un lugar seguro para los negocios, sino beneficiar a los trabajadores y consumidores. Ante tal contundencia, señalada como ejemplo en Mar del Plata por los opositores al ALCA, uno se pregunta: ¿Qué papel jugaba ahí, el presidente de México y su ministro de relaciones exteriores?

El pueblo de lo que orgullosamente fuera el poderoso Anáhuac, ha visto cómo los viajes presidenciales están directamente relacionados con problemas internos a los que al parecer cuesta trabajo hacerles frente. Justo cuando los damnificados de Chiapas, Oaxaca y Quintana Roo requerían -como lo exigen las emergencias- una respuesta seria, ordenada y más allá de lo mediático; en una burda confusión de jerarquías, los funcionarios se alejan de la patria, para enredarse en asuntos futboleros y apoyos innecesarios al gobernante, del quien el 60% de su pueblo desconfía por su falta de honestidad. El señor Bush, además ha tratado con poca cortesía a México y sus mandatarios y rematar con que fue el presidente mexicano el que canceló una reunión con el argentino en un contexto en el cual éste último prefirió escuchar las voces de su pueblo y señalar las “nefastas consecuencias” de las políticas de ajuste que imperaron en la región en los años 90, para considerar que “el mercado sólo no contribuirá a reducir la pobreza”, resultó una especie de coscorrón para clarificar que el puro nombramiento no hace al ministro. ¿Qué no, históricamente, teníamos una política exterior sabia y exenta de estas vergüenzas? ¿Qué compromisos se pactaron con la banca internacional para cumplir este riesgoso papel?

El mes entrante, habrán de tomarse decisiones definitivas en la Organización Mundial de Comercio, la agenda pendiente se vincula con los subsidios otorgados por los países ricos a sus grandes agricultores. ¿De que lado estará México? Enarbolará la bandera de los 2 mil 500 millones de personas dependientes de la agricultura para su subsistencia, u operará en favor de los multimillonarios? El 8% de los agricultores ricos de EU reciben el 78% de los subsidios, protegidos por los gobiernos de la Unión Europea, Japón y Estados Unidos con aportaciones de más de 250 mil millones de dólares anuales para lograr así un precio artificialmente más barato y perjudicial a las naciones del Sur eternamente empobrecidas. En Argentina, el pueblo y los disidentes de esta política de explotación establecieron la posibilidad de un mundo distinto. Para ello se organizaron, no ese día, ni la semana anterior, sino por meses ¿Qué estamos haciendo en México para arribar a un cambio en las condiciones leoninas del TLC?

* Comunicóloga.

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