Mundo global


LOS DERECHOS HUMANOS Y LA EXCLUSIÓN SOCIAL


Renato Simóns *

Es larga y trágica, en nuestro continente, la historia de violación e irrespeto a los derechos fundamentales de la persona humana. En quinientos años, millones de hombres y mujeres negros,  indígenas, migrantes y desheredados de la tierra, en la feliz expresión de Florestan Fernandes, no conocen lo que es tener tierra para sembrar, casa para habitar y salario digno que atienda sus necesidades más urgentes y primordiales, sin las cuales no pueden ser considerados ciudadanos. En este continente lleno de riquezas y de potencialidades múltiples, millares de personas no tienen acceso a los derechos económicos y sociales fundamentales y viven al margen del Estado, como masa de maniobra de los políticos demagogos y populistas de planta.

La casi completa ausencia de un marco de derechos económicos y sociales fundamentales en América Latina, y particularmente en Brasil, constituye una cuestión central a ser enfrentada por aquellos y aquellas que abrazan la bandera de los derechos humanos. ¿De qué vale el derecho a votar y ser votado, de no ser impedido de expresar sus ideas, de viajar para donde quisiera, de no ser coartado o forzado? ¿de quévalen los derechos civiles, en un ambiente en que pocos tienen acceso a la renta socialmente producida; donde poquísimos pueden ser efectivamente considerados ciudadanos?

La formació social y econóica de Brasil, con la colonización, la esclavitud y nuestra sumisión a las potencias imperialistas a lo largo de la historia, está fundamentada en la violencia, en la explotación, en injusticias y desigualdades. En Brasil, el 34 por ciento de la población o 53 millones de personas viven en la pobreza. De esas, 23 millones viven en una situación de indigencia o miseria -no ganan lo suficiente para la alimentación básica. El 10 por ciento más rico posee la mitad de la renta nacional y el 1 por ciento de la población (los más ricos) posee una renta equivalente a la mitad de la población (50 por ciento más pobre). En México, para citar un país subdesarrollado, la diferencia entre la renta del 20 por ciento más rico y del 20 por ciento más pobre es de 13 veces, en Brasil, llega a 33 veces. Ese es el drama y la batalla fundamental de nuestra tierra.

En su gran mayoría, los países de América Latina, guiados por sus élites antidemocráticas y antinacionales, desistieron de construir la nación y optaron por satisfacer los intereses de las corporaciones internacionales. Y es preciso que se entienda que los intereses del imperialismo, que se resumen en la ganancia en los negocios, no se incorporan a la construcción de una nación. No hay término medio. O se construye la nación o se atiende los intereses de los negocios. A partir de la década del 90, asistimos en todo el continente, a las privatizaciones, la apertura salvaje de los mercados, y la sumisión total al Fondo Monetario Internacional (FMI)c., lo que solo hizo aumentar la fila de excluidos y desheredados.

En Brasil, ocurre algo que en lo máximo es surrealista. La política económica del gobierno de Fernando Henrique Cardoso, centrada en la inserción sumisa del país en el mercado mundial, ha generado -sin duda alguna- exclusión social y pobreza, como revela los resultados del último censo del Instituto Brasileño de Geografia y Estadística, IBGE. Con todo, FHC ha hecho de los derechos humanos una plataforma que le da a su gobierno conservador y entreguista un brillo progresista a los ojos de la comunidad internacional.

La segunda versión del Programa Nacional de Derechos Humanos, lanzada por el gobierno, no obstante el empeño de innumerables entidades y de los movimientos sociales, es un ejemplo de este embuste. Gran parte de las medidas anunciadas quedaron a cargo del próimo gobierno, aún la propuesta más sonada de garantizar la unión civil de los homosexuales. Como se ve, ha sobrado discurso y faltado práctica.

En lo que dice respeto a los derechos civiles y políticos, no se avanzó mucho. El lastre autoritario continúa presente en los presidios por medio de la tortura, de la corrupción y de la violencia policial. Negros y pobres presos arbitrariamente, obligados a confesar crímenes que no cometieron, presidios superpoblados y transformados en fábricas del crimen, etc.

La prevalencia de los derechos humanos en Brasil y en América Latina se hace actual como nunca, en este inicio de milenio. Y debe ser alcanzada a partir de la movilización permanente de las víctimas, hombres y mujeres, de las violaciones de esos mismos derechos: los trabajadores, los desempleados, los sin tierra, los sin techo, los negros, los migrantes, los niños y adolescentes, las mujeres, los gay y lesbianas, los transexuales, los usuarios de los servicios públicos. Y de todos aquellos y aquellas que desean empeñarse en la construcción efectiva de un Estado radicalmente democrático.

La lucha contra el neoliberalismo, a partir de los valores de la solidaridad y de la creencia en otro mundo posible, debe ser el punto de partida fundamental a aglutinar y articular todas las luchas específicas de los excluidos de este continente en marcha y construcción.

* Diputado estadual (PT) y presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa del Estado de Sao Paulo.

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