Argentina


EL 25 DE MAYO NO REVOLUCIONARIO DEL 2002


Hugo Alberto de Pedro *

“¡Ciudadanos!
Antes de entrar a la graduación de tan graves crímenes,
fijáos en la calidad de los sujetos que los cometieron.
No eran éstos, hombres extranjeros a nuestro país,
que en la ceguedad de su empeño pudieran alguna vez
mirar con indiferencia nuestras desgracias.
Todos ellos o por las leyes del nacimiento,
o por el antiguo goce de empleos distinguidos,
o por una larga serie de grandes beneficios
debían preferir la pérdida de su propia existencia
al horrendo proyecto de ser agentes
de las calamidades y ruinas de estos pueblos.
Ellos rompieron los vínculos más sagrados
que se conocen entre los hombres,
y se presentaron a vuestra vista unos enemigos
tanto más dignos de vuestro odio,
cuando habían participado antes
de vuestra veneración y confianza.”
La Gazeta de Buenos Aires, 4 de octubre de 1810

Si pensamos que han pasado 192 años desde aquella gesta revolucionaria, durante la cual se dieron las más lúcidas ideas de cambio y de denuncia a un sistema colonial agotado en sus aspectos jurídicos, sociales y comerciales, y el país hoy, no puede saber y entender cual será su destino como Nación independiente y autodeterminada. Como ayer, hoy el pueblo quiere saber de que se trata, pero desgraciadamente parecería que el destino se juega en las tertulias del senador-presidente con los jefes gobernadores, los jefes de las bancadas legislativas, los jefes partidarios y los jefes extranjeros, sin tomar decisiones que quiebren el estado de desesperación y caos al que nos han llevado todas las administraciones desde 1976, similar a la incapacidad, inoperancia y despotismo de los virreyes de entonces.

Analizar hoy, los mediados del año 1810 con la visión de la educación e instrucción recibidas, tan llenas de ese vacío que nos incorporaba el estudio, sería nuevamente caer en: galeritas de cartón, paraguas de papel, escarapelas irreales, escenografías montadas para los actos escolares, discursos de maestros y profesores tan similares a los noticieros de la televisión o la radio, pastelitos y chocolate caliente, trenzas y caras pintadas con corcho, vestidos y trajes cual disfraces, representaciones teatrales, bailes y canciones alegóricas, marchas e himnos practicados interminablemente y tantas otras cuestiones más que nunca llegaron ni llegarán a colmar de ese patriotismo e interés que aquellos Hombres de Mayo tuvieron.

Sin embargo, en nuestra corta historia nacional hubo hombres que desde 1806 tenían una visión clara de lo que ocurría en el Virreinato del Río de la Plata y particularmente en Buenos Aires, de las invasiones inglesas que la tierra soportó y el pueblo venció, de los comportamientos que Sobremonte, Liniers y Cisneros tuvieron en representación de la corona española, o más precisamente de los comerciantes de Cádiz representados en ese gobierno ibérico abdicante en Bayona.

La motorización del sentir criollo, a partir de las incursiones británicas y del abandono que desde el reino se dispensaba a estas latitudes, dieron rienda suelta al primer sentir nacional de la historia, luego de cientos de años en que el colonialismo realizó los más  miserables despojos sobre las riquezas del continente descubierto, colonizado y humillado en cualquiera de los sentidos que podamos analizar.

Los alzamientos que por aquellos años se habían dado en México, Caracas, Santa Fe y con el marco de los grandes pensadores de la revolución francesa, junto a los atropellos que se verificaban constantemente a los pobladores de estos lugares; dieron el ámbito propicio para que germinara la semilla vindicativa en el Río de la Plata que se propagó por toda la América india.

De esta forma llegamos a los sucesos de Mayo y hoy debemos rendir tributo y homenaje a esos verdaderos revolucionarios como Rodríguez Peña, Vieytes, Beruti, French, Castelli, Belgrano, Paso y Moreno que no dudaron en hacer sentir su voz y su acción patriótica en los momentos necesarios para instaurar el primer gobierno de la Patria. Su falta de experiencia fue contrarrestada con denodado trabajo, madurez política y arrolladora visión patriótica; y ello les permitió expulsar de las fronteras de la patria a todos aquellos que desde el poder reinante usufructuaron de la cosa pública.

La tarea de estos patriotas no se quedó en simples denuncias, sino que agudizaron con el correr de los meses su pensamiento revolucionario, fundaron un periódico nacional, la primera biblioteca pública y las primeras incorporaciones al lenguaje popular de las palabras: discusión, poder, pensamiento, supresión de honores, voto público, voluntad general, revolución, crímenes de estado, castigo, ciudadano, patria y soberanía popular.

Desde estas columnas he tratado siempre de denunciar a cada uno de los atropellos que se han cometido contra el pueblo en sus esperanzas y libertades, como también la vulneración en sus derechos de cualquier índole; desde una posición independiente y en la reflexión sobre aquellas respuestas a muchos de nuestros problemas endémicos. Aún, sin tener la capacidad de poder esbozar todas las soluciones que nos llevarían al cambio del rumbo, sigo buscando denodadamente cada una de ellas porque así justificaría mi razón de vivir y pensar en el país que quiero para que se desarrollen nuestros hijos.

Hoy honrar a los patriotas de la Revolución de Mayo es también condenar a los que desde sus sitiales de poder público están entregando la patria, la vida de millones de ciudadanos y el futuro de la Nación Argentina. Esos mismos que deben cercar la plaza de Mayo, en nuestra fecha patria, para no escuchar todo lo que el pueblo les quiere decir que le pasa y también de que se trata.

* Periodista.

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