LAS ARTESANÍAS Y LA LUCHA POR LA EQUIDAD DE GÉNERO
Para Rita Resendiz,
una de las fundadoras de la Asociación de Mujeres Artesanas de Tláhuac,
en el oriente de la ciudad de México, la elaboración de artesanías
es una fuente de ingresos y una forma de lucha por la equidad de género.
Uno de los principales retos del grupo es buscar nuevos mercados para colocar sus productos, en condiciones justas y de equidad.
Rita destacó a Veneno que “estamos interesadas en que al comercializar nuestra artesanía se nos dé una trato justo”
Algunas de las obras realizadas en el taller con la más alta calidad han sido exportadas a Estados Unidos, Italia, Francia Y Bélgica, además de que han expuesto en diversas ferias y casas de cultura de la ciudad de México.
Uno de los principales desafíos que les impide alcanzar una mayor
exportación es el nivel de producción, el cual es de 350
piezas mensuales, la mayor parte de ellas
son decoradas con motivos mayas y aztecas.
En el taller se producen piezas utilitarias como floreros y ceniceros, así como obras artísticas únicas y se dan cursos de cerámica en escuelas, centros comunitarios y hospitales, desde la perspectiva de género.
Entre sus pendientes, está contar con transporte propio, pues se ven obligadas a transportar su producto en colectivos con el correspondiente riesgo, pro carecer de condiciones mínimas para su traslado.
Los orígenes del grupo se remontan a septiembre de 1985, cuando Rita participó en una cooperativa de cerámica creada para dar empleo a quienes lo perdieron tras el terremoto, aunque su experiencia no muy grata.
“Formábamos una cooperativa mixta, pero hubo problemas con los compañeros hombres por el empoderamiento. Yo, igual que ellos cargaba, soldaba, pegaba tabique. Pero al final no me permitían decidir sobre los asuntos de dinero o sobre lo que se iba a hacer”.
En 1994, Rita
y Brenda Tapia forman el grupo de Mujeres Artesanas de Tlahuac,
en El cual asumen como objetivo apoyar a las madres solteras o mujeres
embarazadas que había perdido sus empleos.
Hoy, el grupo está integrado por cinco mujeres, aún cuando desde su fundación han trabajado más de 50 vecinas de la delegación Tláhuac.
Uno de los principales problemas para consolidar el colectivo es el machismo que impera en la zona, pues todavía hay mujeres que son obligadas a pedir permiso de los padres, esposos o hermanos, para dedicarse a actividades distintas a las del hogar.
La materia prima para la obras realizadas en el taller es barro de alta
temperatura, libre de plomo y sin daño para los seres humanos o
el medio ambiente.
El uso de esa materia prima genera altos costos, por lo que el producto no es accesible para todas las personas que quisieran, pues una taza terminada tiene un precio de 60 pesos. Ellas mismas preparan sus pastas y sus tintas.
Además, la crisis económica imperante en México les ha afectado, pues se han reducido los posibles mercados.
Rita se manifiesta opositora al feminismo a ultranza, pero lucha por la equidad de género, por lo que incluso quienes laboran en el taller reciben capacitación sobre la elaboración de figuras de barro y pintura, así como de autoestima y género.
Está consciente de que son muchos los obstáculos que tendrán
que enfrentar en su lucha, como el caso de un asesor en negocios que les
sugirió que cambiarán de nombre, por que “lo hecho pro mujeres
está mal hecho” o que muchas de las mujeres se han retirado del
taller por miedo a sus padres, esposos o hermanos.
* Editor de Veneno.