Periodismo


VIOLENCIA, MEDIOS DE COMUNICACIÓN  Y SOCIEDAD


Ariadne Gallardo Figueroa *

Antaño, como ahora el comportamiento humano, no difiere en gran medida con el homínido que habitó la tierra hace 14 millones de años, el Ramaphitecus de la India e incluso el Australopitecus Africanus, de quien hallara sus restos Raymond Dart en Sudáfrica.

Sí bien físicamente el hombre actual no tiene grandes semejanzas con el hombre rústico del pasado, nadie podrá negar que en las sociedades de interrelación modernas el sistema de orientación y enfoque civiles cuenta en sus mecanismos con símbolos y rituales que nos recuerdan al hombre prehistórico.

Existen objetos de devoción, valores del clan y respeto al más fuerte, hábil en los negocios y en las conquistas de otros seres, estratega de guerra que confina a centros especializados el sustento y el vestido, lo que antaño pudo ser la cueva del más fuerte.

Sí nos percatamos del problema de la ansiedad como el preámbulo de la agresividad, la referencia inmediata se centra en la trasgresión de los objetos que nos brindan seguridad, ya sea echando a andar cierta maquinaria valorativa o cognitiva, cuyos fines se centren en restringir la libertad a todo aquel que no acate las normas.

En las cuevas no pudo ser muy distinto, el ser humano, modificaba su comportamiento al ver amenazados sus intereses personales o vitales. La más grande amenaza para el hombre del pasado provenía de la naturaleza, asunto que ha llevado al hombre actual a alejarse cada vez más de lo natural, hasta convertir su hábitat en una fortaleza.

El individuo para hacerse notar sé auto-afirma, pese al sometimiento de la era moderna, donde la manipulación social del trabajo, la búsqueda de status, el uso productivo del tiempo libre y el consumo de tradiciones y adquisiciones creadas por su ingenio, lo han llevado a caer en constantes crisis de ansiedad.

En la manifestación de esfuerzos para favorecer su adaptabilidad, podemos referir al neo-conductista Skinner, que habla de los refuerzos positivos, que lo van ajustando a los requerimientos sociales, en ellos se encuentran las ideologías y los mensajes que emiten los medios de comunicación.

Aprendizaje y valores

Todo aquel comportamiento que no encaje dentro del plan general, colocará al ser humano en desventaja de oportunidades, pues su actitud debe corresponder a las prerrogativas y reglas sociales que se realizan dentro de la esfera de valores donde los modelos y parámetros se han confiado en gran medida a los medios de comunicación.

Este elemento existía en las cuevas, el ser humano aprendió de sus antepasados en los dibujos que le explicaban cómo matar al búfalo y de qué grupo debería defenderse; la suerte y la justicia no siempre van de la mano en este aprendizaje, que azarosamente ponía en peligro de muerte a muchos de sus seguidores.

En los países modernos el grueso de la población ha aprendido a vivir bajo presión y en atención constante a grandes limitaciones funcionales que desarticulan las posibilidades de éxito de todas aquellas experiencias personales y grupales. Por tanto, queda en el mundo de la imaginación de los novelistas y realizadores de filmes, lo deseable, donde se resuelve de forma mágica e instantánea la fatalidad de la vida.

Todo aquel que carece de instrumentos materiales e intelectuales para ser mejor, puede encontrar refugio en la droga y el alcohol, asunto que no está fuera del alcance de los medios de comunicación publicitarios, la realidad de muchos se juega el pellejo en el vacío infinito de un mundo creado para el ocio.

En el pasado prehistórico desconocemos que sucedía en los momentos de ocio de los seres humanos, tal vez su recuerdo se centre en las actividades del simio moderno, que juega, ama y separa el pelaje de su pareja en busca de liendres y piojos, a manera de retribución amorosa.

El ser humano actual se acicala y se da tiempo para fabricar atuendos y afiches que formen parte de ese mundo del glamour, donde el juego sexual es un atributo indispensable tanto para vender como para agradar, pero también lo convierten en subalterno de un poder indescifrable y voraz.

La violencia como válvula de escape

Para entender por qué de la violencia en sociedades como la nuestra, es necesario recurrir a la capacidad reflexiva de Erich Fromm (1), cuando describe el término voracidad, como una de las pasiones no instintivas más fuertes del hombre y a todas luces síntoma de mal funcionamiento psíquico, vacío interior y falta de interioridad; además de ser una manifestación patológica y uno de los pecados capitales para las religiones budista, judía y cristiana.

Mucha gente de nuestra cultura, señala Fromm, es voraz, ávida de más comida, bebida, posesiones, no reconoce qué es lo necesario para vivir. En consecuencia las adquisiciones compulsivas son un intento por escapar de un humor depresivo, ahí entran como por arte de magia los afiches, caprichos, accesorios que son privilegio de unos cuantos.

El automóvil que se cambia cada año por el modelo reciente, los viajes de placer a Resorts maravillosos, el comedor compulsivo y también el que cultiva sus músculos de forma persistente, son modelos de voracidad; la lista es larga y en ella encontramos destellos de genialidad, tanto del que se sirve de los artificios para vivir en la opulencia, como de aquel que los construye y cultiva.

Creo que en las cuevas el hombre que brillaba en su audacia, también se convirtió en ejemplo de otros que lo seguían y se tatuaban el rostro como él lo hacía. Se abrigaba con las pieles de los osos y de los tigres para adquirir características distintas a las de otra tribu y portaba tal vez algunas plumas de pájaros exóticos, para distinguirse de los demás, esto se preserva en muchas culturas en Sudáfrica o Australia.

Volvamos al representativo de la válvula de escape, cuando la voracidad restringe y limita el terreno de lo deseable, generando una reacción de estímulos nocivos a otros organismos, al no poder sustituir con lo necesario, lo deseable, encontramos entonces las revueltas estudiantiles, civiles y militares; que no son otra cosa que el choque hacia los grupos antagónicos ante la impotencia de las propias fuerzas.

¿Qué clase de reforzadores afectan el comportamiento humano? Cuando nos predisponen al requerimiento de satisfactores, que de carecer de ellos, nos llevarán a la frustración, sin considerar que estamos pagando nuestra falta de reflexión al adquirirlos. En ello entra el caos de la corrupción, la búsqueda de satisfactores huecos y de privilegios específicos.

Hay formulaciones alternativas cuyo costo social y político exige mucho de la conciencia social que moviliza la esfera de valores a la que estamos acostumbrados, ahí entra lo que llamamos status de conservación de esquemas, donde se elaboran a partir de los medios de comunicación, principalmente, soluciones simplistas a problemas complejos, como el hecho de entretener y distraer, en vez de educar y desarrollar.

Un joven estudiante de secundaria pasa frente al televisor el doble de tiempo de lo que ha estado en la escuela, su cerebro habrá registrado las imágenes de aproximadamente 150 mil capítulos violentos y unas 25 mil muertes. En Estados Unidos las imágenes violentas se registran a razón de 25 por hora (2).

Es bueno observar que el proyecto cultural que han impuesto gradualmente los medios de comunicación masiva dista mucho de todo aquello que se elabora y desarrolla en las aulas y, al mismo tiempo nosotros como seres humanos nos vamos acostumbrando a sus designios y peticiones.

El impacto mediático es figura potente y con un peso específico que se diluye al no encontrar eco, entre el pensamiento que avanza ante esos modos de concebir el mundo, por ello el encuentro en los medios electrónicos de comunicación debe llevarnos a la reflexión.

Proyecto social y político del nuevo milenio

Encontramos que se han modificado muchas estructuras en el plano material y tecnológico, pero la base mental que sostiene y da vida al ser que habita las zonas rurales y urbanas, no ha sufrido grandes transformaciones, ahí pervive el simulacro de participación y la exclusión de grandes núcleos poblacionales, cuya pronunciación se limita a ser reflejo de los pronunciados virtuales, es decir, del pensamiento totalitario.

Dar digerido el rol que preservamos en la sociedad de consumo, nos coloca ante la jerarquización de clase, de intelecto y de nivel económico. Al crecer el papel del poder, con él se acrecienta la crueldad en gran escala en la lucha por la preservación del hábitat y víveres, como antaño en la cueva del Niardenthal.

Los ricos y famosos de las casas de lujo, que han logrado gracias a su físico y talento, o a su inteligencia en la política, vienen a ser las cuevas del hombre cuaternario que portaba al cuello el colmillo del tigre de sable, que le distinguía de la tribu, quien le rendía respeto.

Nuestro grado de alineación es creciente y la conciencia del saber se mide por el número de adeptos y de popularidad en los medios electrónicos de información, los volúmenes impresos marcan la pauta de los comentarios que la gente sostiene en las charlas casuales y la distancia entre el decir y hacer se acrecienta ante la cultura de la transformación que impone sus parámetros.

¿Cuánto nos reduce la cultura de masas a meras mercancías e imitadores de modelos de posesión?  Esta interrogante prevalecerá hasta el momento en que se reforme el funcionamiento social de los medios de comunicación colectiva en los países de Latinoamérica y el resto de los países que aportan información a nuestro entorno cultural, donde el universo cultural que apoya la violencia lo hemos aprendido y reforzado de lo propios medios de comunicación.

Notas:

1.- Erich Fromm, Anatomía de la destructividad humana, edición, publicaciones México. Editorial Siglo XXI. Año 1985/ páginas 507/serie psicología y etnología.

2.- Esteinou Madrid Javier, Violencia y medios de comunicación, La otra cara del espejo, Unomasuno, 8 de septiembre 1999.

* Comunicadora Social.

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