LOS GASTOS DEL PRESIDENTE
Andrés Solís *
Luego de su reciente altercado con la prensa, a la que acusó de ser la culpable de que su imagen pública se vaya deteriorando, el presidente de México, Vicente Fox Quesada ha tenido que enfrentarse a un nuevo conflicto, surgido a la par de la discusión del presupuesto para el próximo 2002, y que inició primero con el serio cuestionamiento a los salarios que perciben los altos funcionarios del gobierno federal mexicano.
Medios mexicanos como Milenio, se habían adelantado en el tema con la publicación de los generosos salarios que perciben diputados locales del norteño estado de Nuevo León y a partir de allí, otras publicaciones destacaron lo ofensivo que resulta que los servidores públicos de primer nivel tengan jugosas percepciones, mientras la mayoría de la población sobrevive con salarios de miseria.
Ante ello, Fox ordenó vender costosas propiedades del gobierno, como yates, aviones, casas de descanso y otras más, en tanto que ordenó suspender los gastos superfluos en la administración pública federal.
Sin embargo, lo que no hizo el mandatario mexicano fue aclarar a qué tipo de gastos suntuosos se refiere y si ello incluye devolver las costosas toallas de 400 dólares que también le costaron un escándalo en los primeros meses de su administración.
Es loable la intención presidencial, y ojalá de verdad se eliminen los gastos excesivos, como los mil pesos diarios que tienen los funcionarios de primer nivel tan sólo para comidas, o la carta libre para el consumo de gasolina.
Al menos todos los funcionarios mayores cuentan con vehículos de super lujo y escoltas que nos cuestan a todos los mexicanos de nuestros impuestos. Tan sólo los directores de Comunicación Social de las dependencias federales tienen asignado un vehículo y chofer. Algunos un modesto compacto de 90 mil pesos, pero otros tienen el privilegio de viajar diariamente en deportivos de un valor superior a los 200 mil pesos, basta ir a las dependencias para preguntar qué auto tiene el vocero en cuestión. Hay voceros, como el de la Secretaría de Economía, que sin más autorizó la contratación de un redactor para el Departamento de Síntesis Matutina, que gana tres veces más que sus compañeros, pero que no son amigos del jefe.
Otro gasto suntuoso es el de boletos de avión y hospedaje, pues hay secretarios de Estado que tienen su residencia en algún estado del país y su estancia en la capital mexicana la paga el erario público, además de que no tienen empacho en viajar los fines de semana a ver a sus familias, con cargo al erario, por supuesto. Y ni qué decir de los teléfonos celulares y radiolocalizadores que tienen los funcionarios privilegiados y que también paga el presupuesto. es más, un guarda espalda de una funcionaria de primer nivel cuenta con un automóvil Chévrolet Malibú para su uso personal, pese a que siempre viaja con su jefa.
En fin, la lista sería demasiado larga, pues también deben
contarse las sesiones de maquillaje de algunas secretarias de Estado, la
manutención de cocineros y meseros en las oficinas de los miembros
del gabinete, servicios de bar en las propias oficinas de los servidores
públicos, contratación de servicios de televisión
por cable, y tantas otras cosas más que a la vista de cualquier
ciudadano escapan.
* Periodista.