México


ELECCIONES EN MEXICO, TODO ES DEL COLOR DEL CRISTAL CON QUE SE MIRA


David Talavera *

Las consecuencias más inmediatas de los resultados electorales del 6 de julio pasado, sin lugar a dudas, serán sanas para los partidos ganadores como para los que se sienten perdedores, pero, sin duda, quienes más saldrán beneficiados serán los mexicanos y la incipiente democracia que ha sido posible, primero por la voluntad presidencial, pero, ante todo, por la innegable necesidad de la modernización política que debe privar en México de cara al nuevo milenio con la consecuente acentuación de la globalización económica.

En una primera vista a los comicios se puede concluir que el más afectado debería ser el Partido Revolucionario Institucional (PRI), llamado "instrumento de progreso" por el presidente Lázaro Cárdenas del Río, pese a que obtendrá la mayoría relativa en la Cámara de Diputados, aunque no la mayoría absoluta en ese legislativo que le obligará a saber escuchar y atender las propuestas de sus homólogos legislativos para atender los asuntos urgentes de la nación.

Aunque su número de votos continúa decreciendo elección tras elección, y si esa tendencia se puede tomar como una constante en sus participaciones electorales, no seria nada raro que en los comicios del ano 2000, cuando estará en juego la Presidencia de la República, la pudiera perder ya sea a manos del Partido Acción Nacional (PAN), que continúa como la segunda fuerza electoral del país, o del Partido de la Revolución Democrática (PRD), si es que este sigue con el avance que ha demostrado en esta elección o en las que se celebraron con anterioridad en los estados de México y Morelos.

De acuerdo con el computo realizado por el Instituto Federal Electoral, al PRI le corresponderán 164 diputados uninominales, al PRD 70 y al PAN 65, y faltan que se asignen las diputaciones de representación proporcional, pero de ninguna manera alcanza la mayoría absoluta el Revolucionario Institucional en la Cámara de Diputados.

De las seis gubernaturas que se disputaron: San Luis Potosí, Colima, Sonora, Campeche, Nuevo León y Querétaro, el Partido Revolucionario Institucional perdió las dos últimas y con la penúltima todavía tendrá que librar una batalla poselectoral porque el PRD y su candidata, la expriista Layda Sansores Sanromán, consideran que ocurrieron irregularidades electorales que favorecieron al PRI. En lo que se refiere al Distrito Federal, el PRI y el PAN fueron arrasados por el PRD; al tricolor le dieron una sopa de su propia chocolate.

Las derrotas más significativas fueron para los priistas Alfredo del Mazo González y Fernando Ortiz Arana, en el Distrito Federal y en el estado de Querétaro, y sus secuelas parecen haber calado hasta el fondo del priismo y del sistema político mexicano, al grado que muchos de los principales ex dirigentes nacionales de ese instituto político han pedido la cabeza de Humberto Roque Villanueva y de Oscar Espinosa Villarreal.

Las severas derrotas infringidas al PRI cimbraron sus cimientos y puso en alerta a muchos de sus llamados distinguidos cuadros, a priistas de nuevo y viejo cuño, quienes se han estado reuniendo para exigir que se convoque a su Consejo Político Nacional para urgir la reestructuración y democratización de su partido: hablan de la necesidad de contar con liderazgos naturales y que sus dirigentes sean electos por voto directo y secreto; dicen que es fundamental que se retomen las demandas sociales para penetrar en el ánimo del electorado; dicen que es básico volver a los principios ideológicos que le dieron vida y rumbo al tricolor, en síntesis exigen que el PRI vuelva la cara hacia el pueblo.

El presidente Ernesto Zedillo se reunió con la dirigencia de su partido y les pidió ser vanguardia de la nueva cultura democrática en el país, esa cultura que parece alejar las formas políticas que prevalecían hasta hace poco tiempo y que causaban conflictos políticos en el interior e inseguridad entre inversionistas del exterior.

Pese al retroceso electoral del PRI, los resultados que obtuvo en estas elecciones serian positivos en la medida en que se dé cuenta del sitio que ocupa en la arena política; si se percata de la necesidad que tiene de modernizar sus métodos de selección de dirigentes y si sus legisladores son capaces de actuar con libertad a la hora de votar iniciativas, entonces el tricolor estaría en condiciones de empezar a recuperar la imagen que lo llevo a ser el partido absoluto en el poder durante muchas décadas en México.

Pero empezar esa recuperación parece que no será nada fácil para el Revolucionario Institucional, porque por una parte existe una división muy marcada de lo que se debe hacer en lo inmediato; unos llaman a mirar el presente y futuro con la exigencia de reestructurar al tricolor de cara al nuevo milenio y, por la otra, no pocos priistas enfocan sus baterías al pasado, poniendo en evidencia los factores que propiciaron las derrotas y exigiendo, también, deshacerse de los pasivos que, en su opinión, influyeron en la caída de su partido: la expulsión de Carlos Salinas de Gortari. Después de la jornada del 6 de julio, que parece consolidar una nueva manera de organizar elecciones en el país, si partimos del hecho de que los comicios en los estados de México y Morelos pasaron la prueba de la limpieza porque fueron inobjetables, el PRI tiene el reto de entender que la democracia en México tiene un sustento universal: el voto.

La primera llamada es la elección de su dirigente en el Distrito Federal, si lo toma en cuenta, entonces habrá aprendido la lección y sus derrotas podrán ser positivas, pero si lo desestima habrá que pensar en que efectivamente es un partido que nació con las características propias de la época posrevolucionaria y que es incapaz de adaptarse a la "normalidad democrática" actual, como lo definió Zedillo, quien parece ser que acabara con la tradición de la Presidencia Imperial.

* Periodista mexicano.

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