Cuento


SELVA NEGRA


Rosario Mondragón Vázquez *

En un lugar de niebla, lejano, fascinante; vive una mujer hermosa llamada Psiquis. Tiene tez perfecta, cabello envolvente, rasgos armoniosos, maneras sencillas y alma de niña.

Con su velo blanco parece una diosa enamorada y vive en la Selva Negra, en el centro de Alemania.

­¡Oh! La niebla! Te hace sentir que cruzaste los confines de la tierra para entrar en un reino celestial.

Psiquis es una ninfa angelical que acaricia las copas de los árboles, cubre los troncos, humedece las hojas, posee la hierba, se adueña de las flores y las empapa de rocío. La divinidad femenina es el alma de la selva, de los ríos, de las montañas, que le está pidiendo al hombre disminuya la contaminación, que a ella tanto daña.

Al sobrevolar por el trayecto de Basilea a la ciudad alemana de Worms, se puede mirar desde las alturas la zona boscosa con aura blanca mate que le ofrece al visitante una belleza natural.

­¡Cielo mío! Recuerdo perenne. Patrimonio de cada uno de los hombres. Riqueza de toda nuestra humanidad. Deidad efímera, tu niebla, tu verdor, tu aroma a savia, bosque y clorofila, cubierta de niebla es una maravilla.

En Europa hay otra beldad llamada Plenitud, habita en los bosques de Noruega que son un patrimonio de la humanidad. Cada árbol, el nido de los pájaros que viven en él y hasta el musgo que cubre su tronco, reciben los cuidados de un grupo de personas diestras, como si fuesen las niñas de sus ojos. En los bosques noruegos se protege a la vida, por eso inspiran una tranquilidad total.

En otra parte del mundo, otra sílfides de belleza efímera llamada Tristeza fue agredida por seres demoníacos. La ninfa fue desflorada, al perder así su virginal belleza, convirtió a su tierra en terrenos infértiles. Pese a su juventud, envejeció de manera prematura. ­¡Murió!

Otras beldades, despertaron temibles pasiones. ­¡De amor! ¡De odio! Desencadenaron en el homo sapiens, una lujuria que lo llevó a perder la cordura. Esa locura, lo transformó en irracional depredador. Su demonio interno lo cegó al grado de destruir la belleza de la musa carismática. Mató su esencia.

La calidad del aire en esa zona, fue dañada de manera inimaginable. El criminal no se conmovió con el mal que hizo. Casi al finalizar el milenio, para el homo sapiens, es común viajar a la luna, estudiar otros mundos, crear seres humanos, como es el caso de los niños in vitro.

El hombre no puede fabricar naturaleza, ni ser artesano de los bosques, mucho menos de las flores. ¿Por qué los aniquila así? ¿Qué derecho tienes tú, o tengo yo, de destruir la vida en cualquiera de sus expresiones: humana, animal o vegetal?

Una ninfa americana con el nombre de Infamia, poseedora de una belleza espectacular, riqueza inimaginable, valiosa para todo el mundo, vive en la Selva del Amazonas. Su selva que abarca Perú, Colombia y Brasil, se vio invadida por el narcotráfico que encontró en ella la faja más fecunda para sus actividades ilícitas. Un cobarde con mil caras, corazón perverso y un sin fin de manos que no se cansan de matar, persigue a la belleza como una fiera a su presa. La ambición de la barbarie, está logrando que un oasis de riqueza se convierte en una zona árida, infértil, pantanosa. Algún día podría ser un tiradero de basura.

Ese afán de codicia destruye en el Amazonas 29 hectáreas de bosque por minuto, que representa una reducción de 15.4 millones de hectáreas debido en gran medida a los incendios. Esa destrucción que a diario se incrementa, provocó drásticas consecuencias en el clima del planeta. La mafia, al ser rastreada por la policía, provoca los incendios para borrar sus huellas. Incineran sus centros de operación en plena selva: aeropuertos, lanchas, laboratorios y equipos radiales sofisticados.

Otro motivo de la quema de vegetación en la selva amazónica, es para disponer de terrenos para sembrar hoja de coca. Los cocaleros han instalado más de 500 pozos de maceración donde procesan la hoja a la que aplican todos los químicos para la pasta básica de cocaína, del que se extrae el polvo blanco.

La tala masiva de bosque en la selva, conduce a la desertificación. La tierra fértil es una capa delgada, al desaparecer los árboles, la lluvia empieza a deslavar la tierra y la convierte en suelo improductivo.

Además de la destrucción de la vegetación hay otras formas de contaminación por las emanaciones que van a la atmósfera por la quema forestal debido a la preparación de los terrenos para sembrar la hoja. Unas 400 mil hectáreas sólo en Perú son dedicadas a esa planta, el 60 por ciento de la producción mundial. El Atila del agro tropical son los cultivos de esa hoja en terrenos en declive en las selvas altas, las cuales son susceptibles a la erosión por su posición inclinada.

Los cocaleros con el afán de disponer de suelos de mayor fertilidad natural, talan inmensas áreas del bosque, aceleran de este modo el proceso de desertificación de la selva. Para lograrlo, llevan pesados monstruos mecánicos a derribar los arbustos, los líquenes, los helechos y matan a todos los habitantes del reino animal, para facilitar sus fines, ocasionan daños a la flora, reptiles y crustáceos. Ese tenebroso panorama, refleja una erosión hídrica, inundaciones en la selva baja y el Brasil, pérdida del potencial hidroenergético de las cuencas amazónicas por la irregularidad de los flujos y sedimentos.

En la guerra del hombre contra la naturaleza, utiliza gases venenosos para quemar la vegetación, similares a los que usa en las guerras, como la de Vietnam. Para la prevenci¢n de plagas y de hormigas, grillos, larvas de escarabajos, gusanos de hoja, arañas y barrenadores, los cocaleros ejercen un control fitosanitario del cultivo con insecticidas.

La coca fue un recurso importante en el imperio Inca, donde lo usaron los curanderos en actividades mágicas y de adivinación. Tales prácticas todavía son utilizadas en el medio andino. Los cocaleros reclaman el reconocimiento de la hoja como un producto de uso múltiple e inofensivo.

El hombre olvidó que las plantas por sí solas pueden transformar la fuerza del sol en energía química indispensable para la supervivencia de los animales, racionales e irracionales. Además son la base de toda la cadena alimenticia. Son intermediarias en los ciclos del agua. Estabilizan microclimas y, protegen el suelo viviente, base de la biósfera.

Hace cientos de años, porque el hombre se olvidó del amor a la naturaleza, fueron devastadas otras deidades divinas. Una sombra de muerte persigue a Desolación. Otros dicen que ya empezó a escupir sangre. Día tras día se desgarraban sus pulmones. Parecería que el hombre se olvidó de su amor. Aun queda una esperanza: los seres que se dejan fascinar por el olor a lluvia, a tierra mojada. Se pueden enamorar en una alfombra de pasto, dirigiendo su mirada hacia el extraordinario espectáculo de la vegetación.

* Cuentista mexicana

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