Mundo globalizado


UNA SOCIEDAD MEJOR, JONH KENNETH GALBRAITH Y LA CONSTRUCCIÓN DE UN MODELO SOCIAL VIABLE


Héctor Mauricio López Velázquez *

Después del fin de la guerra fría y la caída del muro de Berlín, parecía que la batalla de bloques y sistemas económicos era ganada por el capitalismo. Hubo quien incluso proclamó el fin de las ideologías y de la historia, aun Clinton en su segunda toma de posesión afirmo que los Estados Unidos eran la nación imprescindible para el desarrollo mundial.

Sin embargo, la pérdida de referente de confrontación del capitalismo, que justificaba los excesos e insuficiencias del sistema ante el temor del avance comunista, sólo permitió observar y estudiar las contradicciones internas que el sistema contenía y de las problemáticas de largo plazo que afectaban el desarrollo armónico de una sociedad a finales del siglo XX.

John Kenneth Galbraith, es uno de esos economistas sajones que han aportado mucho más a ampliar los horizontes y las preocupaciones de las disciplinas sociales, que los econometristas de las escuelas de Chicago y del Fondo Monetario Internacional, con sus visiones reducidas de ajuste económico, que desatienden las implicaciones sociales y las precondiciones de reproducción social eficiente.

Desde su ya clásico texto de la crisis del 29, su Nuevo Estado industrial, su Historia del pensamiento económico, la explicación básica de qué es la economía y su último texto conocido en México Un viaje por la economía de nuestro tiempo, se ha convertido en un divulgador ameno y claro de la disciplina económica y su jerga conceptual difícil de explicar al ciudadano común.

Este catedrático emérito de la Universidad de Harvard, expresidente de la Asociación Norteamericana de Economía y de la Academia Norteamericana de las Artes y las Letras, ha ejercido una influencia notable en el pensamiento económico de nuestros días. Con el texto Una Sociedad Mejor, (título original The good society. The human agenda) presentado por editorial Crítica, Barcelona, España; realiza una revisión breve de lo que deberá ser la agenda de ocupación en búsqueda de un desarrollo sustancial y seguro, en un marco de certidumbre y estabilidad social, que mitigue las desigualdades inherentes al desenvolvimiento del sistema.

No pasa un día -nos dice Galbraith- sin que existan comentarios en la prensa, en la televisión, en un artículo, en un libro o en un discurso político, en que se señale lo que está mal en la sociedad y sobre cómo remediarlo. Sin embargo, pocos se dedican a investigar y determinar qué estaría bien, cómo debería ser una sociedad buena, una sociedad mejor.

Ese es su propósito en este texto. Comienza por distinguir lo utópico de lo factible. El ejercicio de imaginar una sociedad perfecta, practicada por los pensadores sociales, filósofos y políticos, suele ser rechazado por inviable. Lo que él propone es definir una sociedad global que sea mejor y que sea factible.

"El mundo real tiene restricciones impuestas por la naturaleza humana, por la historia y por las pautas mentales profundamente arraigadas. También existen limitaciones constitucionales y procedimientos legislativos que vienen de antiguo, controles concomitantes al sistema de partidos políticos. Y está la estructura institucional permanente del sistema económico.

"La identificación útil de lo que sería una buena sociedad debe tener en cuenta la estructura institucional y las características humanas que son permanentes, inmutables. De ahí deriva la diferencia entre lo utópico y lo factible, entre lo consabidamente irrelevante y lo en último término posible".

En una sociedad buena todos los ciudadanos deben tener libertad personal, bienestar mínimo, igualdad racial y étnica y la posibilidad de acceder a una vida satisfactoria. Hago un paréntesis para señalar que el presente texto resaltará los argumentos económicos de una sociedad mejor contenidos en el libro.

La agenda política y social de la humanidad esta determinada por los desarrollo históricos del sistema, la conforman las corrientes más profundas de la historia. Mientras conservadores, liberales, socialdemócratas o comunistas creen definir las rutas de largo alcance del desarrollo social no entienden el paso de la historia.

En el siglo pasado era imposible poner atención relevante a los problemas de la seguridad social y el desempleo en un mundo profundamente rural y en industrialización; todavía durante la depresión del 29-33 la mitad de todos los trabajadores de Estados Unidos se encontraba en el campo.

En este contexto económico y social no había necesidad urgente de la seguridad social; la tierra o el pequeño negocio proporcionaba lo suficiente para el retiro o los gastos médicos.

"Ha sido la mayor duración de la vida que ha dado la medicina moderna, pero en mayor medida aun la parición de la industria y el empleo urbano, y no los liberales ni los socialistas, lo que ha creado la necesidad de la seguridad social...También ha sido el desarrollo industrial lo que ha provocado el problema del desempleo".

Vivimos la era del juicio práctico, afirma Galbraith, la identificación ideológica representa una forma de escapar a una idea incómoda: la sustitución de la formula general y banal, buena para la retórica pero no para la acción concreta, por decisiones específicas ante el caso concreto.

No es esta la era de la doctrina; es la era del juicio práctico. En una sociedad moderna e inteligente la política y la acción no están subordinadas a la ideología, a la doctrina. Son las restricciones que marca la globalización las que determinan el escaso margen de maniobra en lo manejo de público.

Por ello el desdibujamiento ideológico de las ofertas políticas modernas, su corrimiento hacia el centro ideológico y la proliferación y creciente atractivo de los ciudadanos por organizaciones no gubernamentales de resultados prácticos e inmediatos.

Las discusiones de la década de los ochentas entre mercado y Estado fueron ficticias. El socialismo ya no puede considerarse el marco dominante de la sociedad buena, tampoco puede serlo el capitalismo en su forma clásica. Es el hecho indubitable de que, conforme se ha desarrollado y expandido el sistema económico moderno, cada vez más han recaído mayores responsabilidades en el Estado.

El mercado falla y el Estado debe corregir lo que la mano invisible provoca. El modelo de desarrollo económico catalogado como neoliberal por sus detractores, ni siquiera puede ser conceptualizado así. Es un modelo darwinista positivista, donde el individuo -preocupación fundamental del liberalismo clásico y del liberalismo social mexicano- pasa a formar parte de la fría estadística y de la carga que los ricos dejan al Estado, sin comprometerse con una política impositiva progresiva que garantice un mejor esquema de distribución del ingreso, que coadyuve a mitigar las fallas del mercado.

Hay un campo de actividad económica en que el mercado es y debe ser intocable; igualmente hay una amplio escenario de acción en donde los servicios y funciones del Estado son necesarios, mejores desde el punto de vista social. En la sociedad buena el papel de la economía es fundamental para garantizar un crecimiento sustancial y seguro.

El estancamiento económico no puede aceptarse como condición de una mejor sociedad, aunque refleje de hecho la opción de muchos ciudadanos clasemedieros y ricos que lo preferirán al riesgo de la inflación o de la intervención pública que acompaña o promueve crecimiento sostenido.

Mientras hay oportunidades, también hay tranquilidad social; el estancamiento lleva de la mano consecuencias sociales negativas. "La delincuencia y la convulsión social de nuestras grandes ciudades son producto de la pobreza y de una estructura de clase corrupta, que ignora o menosprecia a los pobres".

La economía de una sociedad mejor no busca la igualdad en la retribución económica de los agentes de la producción. No es un objetivo realizable ni socialmente deseable. Las motivaciones que intervienen en la retribución son asumidas socialmente de diferente manera. La esencia de la libertad consiste en que se acepten las diferencias de motivación y gratificación y se atiendan, haciendo la distinción y hacerla con eficacia.

Castigar fuentes de ingresos ilícitas es una de las acciones básicas en busca de consolidar una sociedad buena. Ni especuladores, ni quienes trafican con la información, ni el hurto ni las drogas. se deben diferenciar entre el enriquecimiento permisible y benéfico desde el punto de vista social y el que conlleva un costo global para la sociedad en su conjunto.

Motivar el consumo, mediante una política impositiva progresiva es pertinente. Los pobres gastan lo que ganan, los ricos deben de motivar el consumo, para fomentar la actividad industrial. En la economía moderna es un hecho algo extravagante que la producción sea ahora más necesaria por el empleo que proporciona que por los bienes y servicios que abastece.

La estabilidad del flujo de demanda global es el factor vital, el gasto en consumo, el gasto en inversión privada, y el gasto derivado de las actividades fiscales del Estado, del gasto estatal que excede o bien no alcanza a las entradas procedentes de los impuestos.

Una sociedad buena debe tener un plan eficaz para combatir los periodos de recesión o estancamiento, para asegurar un aumento de la producción y del empleo regular y real. El fracaso económico, el desempleo, se achaca a los trabajadores -afirma con certeza Galbraith. Una respuesta estándar para mejorar las estadísticas del desempleo es la invocación a la mejor preparación de los trabajadores. Es un remedio políticamente respetable.

La educación, la preparación es desde luego fundamental para una sociedad buena. Pero no es relevante para las depresiones cíclicas. Cuando llega la depresión o recesión se ven afectados tanto los cualificados como los no cualificados, los informados como los ignorantes, de ésto no cabe duda.

La petición de trabajadores más preparados como remedio para el desempleo inducido por la recesión -concluye- es el último recurso para la inteligencia liberal vacua. Finalmente, en materia económica analiza lo perjudicial de los argumentos dogmáticos en pro del control del déficit público y de la inflación.

Brillante polemista, deshace los argumentos de una manera fácil y sencilla. Veamos el caso de la inflación: "Hay un hecho más, latente en la mentalidad financiera y en buena parte de la opinión pública, que consiste en lo que se ha llamado la teoría de la inflación como embarazo. Así como una mujer no puede estar un poco embarazada, tampoco puede haber un poco de inflación; es inevitable que haya algo más. Esto es claramente absurdo; la inflación puede aumentar como disminuir en concordancia con las fuerzas que la motivan. Tal ha sido la experiencia de los años anteriores, incluso de décadas. sistemáticamente, los precios han ido creciendo despacio (en Estados Unidos) sin ningún desastre final ni, como suele denominarse, hiperinflación".

Posteriormente al tema económico, Galbraith da las pautas para definir el programa posible para alcanzar, en las circunstancias actuales, libertad personal, un bienestar básico, y la posibilidad de acceder a un estadio mundial de vida satisfactoria. Una propuesta con dimensión social, con oportunidades de empleo para todos, enseñanza y educación accesible, seguridad social para los que la necesiten (ancianos, desempleados, lisiados, discapacitados, etc.), prohibición de las formas de enriquecimiento financiero a costa de los demás y una actitud cooperativa, tolerante hacia el inmigrante.

Describe como alcanzar estos objetivos y cuales son los obstáculos que se presentan, como la inflación, el déficit, la intolerancia, la corrupción, la escasa visión de los políticos y su grandilocuencia. Defiende la necesidad de una intervención pública en la economía para proteger el medio ambiente, proteger a los más vulnerables y combatir las tendencias autodestructivas del sistema.

Analiza el papel decisivo, para la consolidación de una sociedad mejor, de la educación, la actitud de los países desarrollados ante los inmigrantes, el síndrome burocrático, el problema de la pobreza a nivel mundial, la consolidación de un poder militar autónomo, la política exterior en su dimensión económica y social.

Concluyendo con la revisión del contexto político: una sociedad buena falla cuando la democracia falla. Con verdadera democracia podría triunfar el proyecto de una sociedad mejor. Podría incluso ser inevitable. Todo ello lo analiza John Kenneth Galbraith, con claridad y realismo. No en vano es uno de los pocos grandes economistas de nuestro tiempo capaz de interpelar al ciudadano común y corriente en un lenguaje que éste puede entender.

Quizás para algunos críticos las propuestas del texto sean obvias y controvertidas en el plano de su aplicación. Pero, en ciertas ocasiones, lo obvio acaba con el debate económico, por la fuerza de sus argumentos y su razonamiento lógico. He aquí la mayor enseñanza de Galbraith a los economistas del futuro.

* Economista mexicano; coordinador de Desarrollo Político del Icadep del CEN del PRI.

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