México


MEDIOS DE COMUNICACIÓN EN MEXICO, PASOS PA´DELANTE, PASOS PA´TRAS


Daniel González Ramírez *

Al inicio de los años noventa, el proceso de democratización en México se aceleraba y ampliaba sus campos de acción. A la necesidad de los cambios en el régimen político se empezó a sumar también el requerimiento de cambios en los terreno económico y social.

Los crecientes requerimientos de información de una sociedad cada vez más informada y más crítica -generada por los anhelos de cambio- y la influencia de los avances tecnológicos explican en parte el también importante crecimiento de la presencia social de los medios de comunicación.

Una sociedad que ha iniciado de manera franca el proceso que sigue la mexicana, tiende a demandar de los medios una actitud y un desenvolvimiento eficaces, para que contribuyan a incrementar la información y a canalizar de manera adecuada la crítica.

El reto actual parece claro. Medio de comunicación que se abstenga de considerar los contextos, de atenerse a la verosimilitud y de cuidar la oportunidad, tenderá a ser abandonado por sus lectores y perderá utilidad social.

En México, la existencia de varios medios de prensa escrita y electrónicos sólo puede explicarse considerando el respaldo financiero que reciben de las instituciones del Estado, vía inserciones de anuncios y gacetillas oficiales o por medio de subsidios o exenciones fiscales.

En esta situación, periodistas, especialistas en medios y algunos dirigentes políticos y sociales entendieron lo anterior y se dispusieron a dar origen a un proceso profesional y legislativo para conducir a los medios mexicanos por un sendero democrático.

De ninguna manera se trata de una empresa fácil, pues debe efectuarse en un contexto político en el que la mayor parte de los medios informativos está acostumbrado a sostener una relación de conveniencia y subordinación frente a las instituciones del Estado. Los interesados no han podido actuar de manera coordinada, ya no a nivel organizativo, ni siquiera en el aspecto profesional o político, y la conjunción de propuestas es de nivel aún insuficiente.

El esfuerzo tuvo ya un primer logro a partir de que el gobierno mexicano aceptó poner en marcha desde la Cámara de Diputados un proyecto de legislación para normar la vida de los medios de comunicación y modificar las relaciones de éstos frente al Estado y frente a la sociedad.

Luego de aplicar un mecanismo de consultas públicas para definir los alcances de la legislación propuesta y tras de recibir múltiples planteamientos, la que sería una nueva ley sobre medios de comunicación pasó, a propuesta de la mayoría de diputados del gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la Cámara, al refrigerador de los proyectos no deseables para el gobierno.

El presidente mexicano Ernesto Zedillo y su secretario de Gobernación, Emilio Chuayffet, asumieron la difícil tarea de explicar a los interesados y al conjunto de la sociedad las razones del "congelamiento de la iniciativa". El argumento fue superficial, insuficiente, objetable. El gobierno mexicano se negaba a imponer cualquier legislación que pudiera minar las libertades de prensa y de expresión. Sugería, en cambio, que los propios medios establecieran por sí mismos sus códigos de ética. La administración de Zedillo pretende eludir así su responsabilidad de dar a los medios un nuevo contexto legislativo obligatorio para todos, porque implicaría desactivar su sistema de conveniencias y tener que afrontar las presiones incalculables de los monopolios del sector.

La propuesta gubernamental de limitarse a elaborar códigos de ética, además de que en los hechos deja en manos de los empresarios de los medios esa labor, serviría para no crear una nueva legislación y para incumplir los propios códigos deontológicos.

Estamos ante una maniobra escapista al estilo del legendario Houdini, pero sin garantías de que llegue a buen término, al menos todavía, pues las propuestas de democratización y apertura de los medios ya se han planteado, y sus autores e impulsores bien podrían acometer de nuevo, mediante otro tipo de presiones y en otros foros y escenarios.

De eso platican, eso analizan y sobre eso discuten hoy muchos periodistas mexicanos. Y es que la oportunidad sigue abierta. El debate podría arreciar en mayo, cuando se conmemorará un aniversario más de la muerte del periodista Manuel Buendía Téllez Girón y se estarán haciendo los preparativos para celebrar en México, el 7 de junio, el Día de la Libertad de Prensa.

En fechas recientes, un grupo patrocinado por sectores de la jerarquía católica y por grupos empresariales conservadores ha retomado también el asunto de establecer una nueva legislación para los medios de comunicación. Con el lema "de los medios, lo mejor", presionan para imponer censuras, apoyados en una crítica aguda y hasta cierto punto justa sobre la violencia en los medios electrónicos.

Su propósito no es abrir en los medios espacios a la sociedad ni evitar las componendas obligadas entre los medios y los poderes políticos y económicos. Es ajustar el comportamiento de los medios a fiscales no elegidos por ninguna institución oficial ni por ninguna representación social.

La campaña, oscurantista en los hechos, es dar más argumentos a quienes se niegan a que la legislación de los medios avance con un sentido social y democrático. De cualquier manera, los cambios en los medios de comunicación pueden desencadenarse de un momento a otro.

La democratización de la sociedad mexicana y de sus medios de comunicación... sin embargo, se mueve.

* Periodista mexicano

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